Me marcho – Belén López Precioso

Iniciamos la publicación de los cuentos de la Antología de Talleres, con “Me marcho” de Belén López Precioso. En los talleres de Madrid, Belén se distingue no sólo por la calidad de sus escritos, sino por su gran sentido del humor, con el que tanto disfrutamos. “Me Marcho” responde a una consigna que intentaba la utilización del paréntesis.
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Me  marcho

……Mire, señorito, es que yo ya no puedo más. No doy abasto. Por eso me marcho. Ya sé que el sueldo que me paga no es malo, y que no debería quejarme. Si lo comparo con el de mi prima en la casa de su hermana salgo muy pero que muy mejorada. Pero es que allá mi prima sólo se ocupa de la limpieza y la plancha, y de atender a las visitas. La cocina y las compras son cosas que lleva Marga. Y tienen a Juan para los arreglos y el mantenimiento de la casa y del jardín. Yo aquí tengo que hacerlo todo: los recados, limpiar, planchar, guisar, las compras, buscar a gente para las reparaciones de la casa. Sí, ya sé que aquí somos pocos, que aquí no es como en casa de su hermana, con los niños y Don Manuel y la madre de usted. Pero es mucho para una mujer sola, señorito, es mucho.
……(como para encima sumarle las noches en blanco, porque cuando entras cada noche en mi cuarto se nos hacen las tantas. A mi me gusta, claro que me gusta. Cómo no me va a gustar, si ni siquiera Blas, el novio aquel que tuve en el pueblo, pasó de tocarme las rodillas por debajo de la falda. Cómo no me va a gustar, si tú me tratas como a una reina, la reina del cuarto, y te esmeras, te esmeras mucho, pero es que cuando terminas ya clarea por las ventanas.)
……Y voy muy cansada. Hágase cargo. Bien de mañana tengo que levantarme para ir a recogerle a usted el periódico y traer las ensaimadas. Luego preparar el café. El resto de la mañana lo paso limpiando y haciendo las camas. Luego al mercado, a los encargos, y a la vuelta a hacer la colada y la plancha.
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……(Y claro, voy derrengada.  Tanto, que a veces finjo estar dormida cuando te oigo por el pasillo. Pero tú nunca te engañas. Te me cuelas en la cama y comienzas con ese revolotear tuyo de sábanas y al final, pues claro, se me despierta el cuerpo y la piel y no me importa más nada. A veces me pregunto que de dónde te salen tantas ganas.)
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……Sí, sí, si ya sé yo que todo lo que le guiso se lo come usted con verdaderas ganas. Si sólo hay que ver cómo le brillan los ojos y las miradas que me lanza. Una ve recompensado todo el esfuerzo, los escarceos hasta las madrugadas. Pero tiene que reconocer usted que las cosas que le gustan son, discúlpeme, pues un poquito complicadas. Que ya me gustaría a mí que usted se contentara con una simple fabada o con la  gallina en pepitoria que me enseñó mi madre. Mire, señorito, yo no quiero que piense de mí que soy una desagradecida.
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……(Mi cuerpo te lo agradece. Y yo te agradezco todas esas cosas tan bonitas que me regalas, las rosas, los perfumes, las pinturas, las medallas, los broches, ya le gustaría a mi prima que alguien se las regalara, pero es que se quedan todas arrumbadas en el cuarto. Que conste que a mi me gusta verlas, y me encanta ponérmelas para ti, pero es que del cuarto no puedo sacarlas.  Tú sabes bien lo que diría la gente)
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……Eso sí que no, que nadie diga de mí que soy  una desagradecida o una aprovechada. Porque el sueldo ya le digo que no está mal, pero es que yo voy muy cansada. Mientras que usted se echa la siesta, y ya sé que está mal que se lo diga,  yo tengo que fregar los cacharros, y a la tarde, la costura,  o hacerle los encargos. Y claro, ya sé yo que es primavera, y que es importante para sus cosas y sus negocios lo de dar meriendas y cenas y fiestas en casa. Pero es que entonces a todo lo demás se suma lo de limpiar la plata, y hacer comida para doce o para veinticuatro, y vigilar que todo esté bonito y que no falte de nada. Es demasiado,
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……(sí, es demasiado esto de tener que fingir todo el rato. No podemos seguir así. Porque cada vez que hay fiesta me llevan los celos, ¿me oyes?, me llevan los celos:  todas esas niñas ricas que te rondan, con sus peinados y sus vestidos de moda, y sus perfumes y sus joyas, y todo lo mío aquí, enclaustrado, escondido. Pues qué quieres que te diga, que tenemos que dejarlo, que ya he mirado los horarios de los trenes, que yo no puedo más, que yo me marcho,)
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……sí, señorito, que me marcho, porque no puedo soportarlo más. Porque esto no es bueno, no señor, no puede serlo, porque estoy hecha un asco, señorito, estoy hecha un asco. Con tanta fiesta y tanto trabajo, tanto secreto, tantos celos y  tantas noches en blanco. ¿Es que no puedes ver que estoy hecha un asco? No puedo soportarlo más.  No puedo aguantar más eso de servirle a usted la cena y tener que tragarme ver como coqueteas con todas esas niñas tan pagadas de sí mismas Sí, señorito, sí, que me marcho. Y que le quede claro, que te quede claro: a partir de esta noche, los cuatro días que me quedan aquí, echo el pestillo, señorito, y no me entras más en el cuarto.

4 respuestas a «Me marcho – Belén López Precioso»

  1. Me encanta la historia.
    Me gusta aquello de las noches blancas y lo que no se puede blanquear.
    Es rápida, divertida, tierna. Como lectora me permite entrar fácilmente en la interna de la protagonista, y me sale en serle fiel (invita a esa piedad y la complicidad de saber lo que siente por ese hombre)
    El uso del paréntesis juega de un modo cómplice con la historia, un acierto para meternos en la íntimidad. Lo he disfrutado, Belén. Gracias por compartirlo.

  2. Excelente! Un gran clima que va del regocijo a la asfixia. Sentido del humor y fluidez para mantener el ritmo del relato, que no se puede dejar de leer…

  3. ¡Qué gran cuento, Belén! Me gustó muchísimo. ¡Ay, esos paréntesis! Un relato muy atrapante, simpático y sobretodo, tan bien narrado. Te felicito. Y espero que sigas publicando más cosas por aquí. Besos.

  4. No sólo el humor de Chesterton sino también la ironía del «esplen»parisino. Sigue, Belén,que lo haces muybien.Lo llevas en lasangre.

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