Acrobacias

Mamá dijo que me apurara a ponerme los zapatos, que el señor Félix tenía el auto abajo. Ella  se sentó adelante, cerca de las flores rosas, las que cuelgan de ese espejito donde me miro sentada.  Se las pedí, pero dijo que no, que  las flores eran un adorno del taxi y no me las podía dar, tampoco el perrito que mueve la cabeza. Dame los cristales, le dije, que también te podrían gustar. Mamá dijo que basta de pedir, pobre Félix que nos ayuda tanto, qué nena mala iba a decir. Yo lloré: eran para vos, pero a mamá no le importó. Ya teníamos las flores y yo iba a ser la encargada de buscar el agua. Todas las veces vamos a traerte  flores distintas, papá. Igual no te pongas triste, algún día me los va a dar.

Hoy trajimos el trapo nuevo. En el trabajo mamá no me deja usarlo porque ella tiene los guantes y no me los presta:  te sentás quietita y no te movés,  que mami no terminó, que tiene que hacerlo con sus propias manos. Pero esta mañana me prometió que acá sí iba a dejarme lustrar, con la patrona no, pero con vos era diferente y me iba a prestar la franela. Lo que  no me gusta es cuando  se pone llorar porque moja todo lo que dejé brillante. Yo le aviso que vos no estás acá, que estás en el cielo,  y señalo para arriba – me  lo dijo la tía Mari el día que te fuiste y yo te buscaba por todos lados – pero a mamá no le importa. Sigue con que cómo fuiste capaz y  que no creas que te va a ser fácil olvidarla, que ella no es como otras.  Yo la oí: sólo para no dejarte descansar en paz, si con nosotras no te alcanzaba, que con cuantas más. Mamita no llores que me haces llorar. No pasa nada, dice, y me abraza fuerte. Mientras ella no te perdona, yo encontré una canilla para el agua. Ahora puedo llenarte  el vasito de las flores todas las veces que quiera.

El jardinero le preguntó si mamá quería que te cortara el pasto, pero ella dijo que no, que prefería hacerlo sola con la pinza de mano, para hacer mejor los bordes. Él dijo que iba a tener que hacer mucha fuerza, pero mamá, que ella tenía. Y tiene. El hombre se fue.  Esta semana lloré cuando le corté el pelo a la muñeca. Mamá gritó fuerte y me retó: ahora te da por romper cosas. Yo me asusté, fue sin querer, dije, y le pedí perdón. Ella me perdonó y me trajo la misma muñeca con todo el pelo, ni se me ocurriera hacerle lo mismo a ésta y que le pidiera perdón a diosito. Yo ya no lo voy a hacer nunca más.

En casa prendimos las estufas, porque mami dice que los techos son altos. Yo le digo que desde el balcón todo es alto: me asomo y se ve la gente chiquita allá abajo. Hay pajaritos en los cables, como en el circo. Mamá me llevo y me gustó. Había una señorita que dio vueltas y quedó de cabeza y todos dijimos ahhhh, pero no se cayó. La aplaudimos bien fuerte y le gustó. Sonreía con los dientes y se inclinó cuatro veces. A ella nadie la empujó. Lástima que vos no viniste, así mirabas bien y aprendías como ella, y todos te iban a aplaudir.

En casa tenemos la foto de cuando volaste del balcón, y como en la escuela estoy aprendiendo las sílabas, le pido a mamita que me enseñe lo que dicen las letras grandes, pero ella no quiere, dice que deje ese diario de porquería, y que la vaya a ayudar con la comida. Yo me tiro al piso y no me levanto nada hasta que me lee: “Un hombre se tira por la ventana”, dice mamá que es un título de los que salen en las noticias. Después me muestra las letras una por una y lo guarda en el  cajón de la cocina hasta que sea la hora de comer. A veces lo miro sin que ella me vea, porque quiero aprender. Casi siempre invitamos a Félix a comer, aunque yo no quiero, porque ya te tengo a vos.

Esta semana estuve pensando que hagas como yo. Es así: te pones de rodillas antes de dormir y le hablas. Vos que estás en el cielo lo tenes cerca, entonces no te arrodilles, vas directo, eso sí, las manos las pones juntas,  porque así se escucha el corazón y te sale mejor lo que decis. Seguro que ya lo sabe, porque dios sabe todo, entonces la va a perdonar. Mamá dice que a Dios hay que contarle todo, igual que yo te cuento a vos. Decile que mamá no tuvo la culpa. Es que tiene mucha fuerza y te caíste, pero no te querías caer, que fue sin querer y no lo va a hacer nunca más. Vas a ver que no pasa nada: Dios la va a perdonar. Seguro que te manda de vuelta enseguida, así mamá no sufre más y de paso ya no viene Félix, él es malo, porque no me presta los juguetes del auto.

9 respuestas a «Acrobacias»

  1. Me gustó mucho, me atrapó desde el comienzo, me parece maravilloso como en pocas líneas se puede transmitir tanto, y tantos sentimientos.
    Al finalizar de leér te das cuenta que el título es bárbaro.
    Gracias por tanta magia.

  2. Un cuento que, bajo la pátina sutil de la nostalgia, brilla por su belleza y su potencia narrativa. Una escritora que combina con maestría la sensibilidad de la mirada, la precisión de la técnica y la capacidad de reconocer y construir historias que conmueven.

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