Valeria Castelló-Joubert – Nylon

Valeria Castelló-Joubert  es profesora universitaria de literatura y de estética. Tradujo, entre otros, a Verne, Stevenson, Michaux, Pessoa, Perec, Ibsen,  Maeterlinck y Kafka. Publicó Vampiria, con Ricardo Ibarlucía. Trabaja  en una investigación sobre las representaciones literarias del arte en el esteticismo del siglo diecinueve.
Vale formó parte de mi taller de adolescentes, cuando tenía 16 años, del taller de los “históricos” , y de uno para profesionales, que armé a mi regreso a la Argentina. Mientras tanto, ella hizo lo que cito arriba y más, y es a esta altura, tiene bastante que enseñarnos. Actualmente trabajamos en “clínica” su novela Las zanahorias están cocidas . El cuento Nylon  surgió del juego “Prestame tu abuelito”, en el que cada participante evoca en la reunión un relato de familia, que luego es tomado como base para el cuento que escribe otro participante. Valeria se basa en la historia contada por Virginia Haurie.
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Nylon

……Esta vez se lo tiene que decir. Tía Nelly no se vuelve a Brasil sin habérselo contado. Durante años a Laura le ocultaron esta historia que la interroga como el ojo de un tuerto. Por chica que fuera entonces, sabe que esto separó definitivamente a la familia. Sus abuelos jamás quisieron abrir la boca, y ahora están muertos. Sus padres, muertos también. Así las cosas, la que sigue es Nelly y ella sin enterarse de nada. Esta vez Nelly le va a decir por qué nunca más se supo del tío Víctor. Esta vez sí. Para hacerla hablar, Laura pone sobre la mesa una de las primeras fotos que Nelly envió recién llegada a Rio, vestido de falda ligeramente evasé con grandes lunares y moño de la misma tela recogiéndole el pelo en una cola de caballo. A Nelly le tiembla el labio inferior. ¿Se está por poner a llorar? ¿Y si se descompone? Laura no pensó antes en esta posibilidad. Pero no. Nelly es fuerte. Se aferra del pomo del bastón y trastoca la mueca en sonrisa. Le agrada encontrarse en esa foto, que aparentemente no la lleva al episodio con el tío Víctor. Nelly comenta vaguedades, esa falda la usé durante años, hasta que la convertí en cortina de la ventanita del vestíbulo. Laura se fastidia. Disimula. Se contiene. ¿Emborracharla? Por qué no. ¿Quién se lo reprocharía?  Se levanta, va a la cocina a buscar el fernet. Pero Nelly le hace un gesto de rechazo, ya no bebe. ¿Si juegan al Scrabble? A Nelly le encanta la idea. Laura despliega el tablero y reparte las letras. Comprueba que Nelly conserva toda su cabeza. A Laura le asombra que su tía no confunda la ortografía del español con la del portugués. Ni un atisbo de vacilación al plantar las letras en el tablero. Equinoxio con triple punto letra para la “q” y doble punto palabra. Laura no le discute que si va o no con “x”,  porque está fascinada contemplando el perfecto estado mental de Tía Nelly, con sus ya noventa y dos años. Entonces debe recordar. Seguramente no ha olvidado. Laura junta prolijamente la “v”, la “r”, la “i”, la “o”, y la “c”; con esa “t” rodeada de casilleros libres, aparece Víctor. Nelly acusa el golpe con ligero temblor de labio. Esta vez no se recupera. Palidece. Acaba de ver a un fantasma de seis letras. Levanta la cabeza y comienza a hablar. ¿A quién le habla? A Laura ni la mira.
……Sus padres y su hermano mayor viajan a Estados Unidos. La intención es alejar a Víctor de su poderosa inclinación al juego, no obstante lo cual, creyendo controlarlo, Víctor padre desafía a su hijo a una partida de póker y gana. El perdedor le pide una nueva oportunidad, pero es vencido. Pierde la tercera, la cuarta, todas las partidas de póker disputadas durante ese viaje. El hijo doblegado jura vengarse, y el padre, que ha triunfado sobre su voluntad, no le presta la menor atención. Una vez en tierra firme, no se menciona lo ocurrido. Pasean, y compran. ¿Qué compran?, pregunta Laura, curiosa. Compran artículos de la novedad que revoluciona la industria textil y el mundo de la moda: prendas de nylon. El barco que los trae de regreso hace escala en Rio. Nelly, con su marido, saluda desde el muelle. Con el barco atracado, sube a reunirse con su familia. La colman de regalos: medibachas, medias con liga, conjuntos completos de ropa interior, visos, enaguas, todo de nylon. La madre: qué regio, qué bien se adapta al cuerpo, se seca rapidísimo y no se plancha, cuándo llegará esto a la Argentina. Nelly: en Brasil se consigue en algunas tiendas muy exclusivas, pero es carísimo, no se puede comprar. El padre: bajá con todo puesto, las manos libres tal como subiste al barco, no sea cosa que te detengan por contrabando. Víctor: por supuesto, sería espantoso que termines presa. La madre: qué exagerados, ¡por un par de medias! Pero es mucho más que eso, comprueba Nelly en el baño, cuando se pone dos conjuntos de ropa interior encima del que ya lleva puesto, sobre esto el viso, y arriba la enagua, y después, ya empapada de sudor, las medibachas. Las medias con liga las enrolla y las mete en la punta de los zapatos. Camina como ebria. La madre: con esa cara que ponés se va a notar. Nelly: también es la emoción, y el calor. El padre: no parece que tuvieras puesto todo encima, bajá tranquila. Víctor: ¿dónde está Víctor? Sienten vibrar el barco. Los motores en marcha para zarpar. Nelly se despide rápidamente, el marido, un fuerte apretón de manos a los suegros, que conoce poco. A Víctor le dejan sus saludos, no saben dónde se ha metido. Lo cierto es que Nelly apenas puede caminar. Transpira a borbotones. Baja la escalerilla del barco, visiblemente alterada, y un policía se le acerca para ayudarla con los últimos escalones. Le pregunta si es Nelly Roig Nogueiras. Sí, ¿cómo sabe? Sígame, queda detenida por contrabando. Las súplicas del marido, luego exclamaciones de indignación, y amenazas, nada pueden. Nelly queda arrestada en el puerto por ingresar mercadería ilegalmente. El barco ya está lejos y Nelly ruega que se comuniquen con el capitán, con sus padres, con su hermano. ¿Víctor Roig? Sí, Víctor Roig. El comisario portuario la mira con desprecio y algo de piedad. Víctor Roig es el denunciante, señora.
……Nelly se detiene. Como si de golpe le volviera todo el calor de aquella tarde en el puerto, le pide a Laura un vaso de agua fresca. ¿Un fernet? No, Laurita, agua, agua, por favor. Laura le sirve un vaso, dos. Nelly bebe. ¿Podrá seguir hablando?
……El comisario no se comunica con el barco. Los padres se enteran de la detención de Nelly en el puerto de Buenos Aires, donde llamó el yerno para que sean prevenidos no bien pongan pie en tierra firme. Al día siguiente resuelven el asunto con un abogado brasileño que asiste a Nelly. La liberan. Víctor, que iba a heredar las tierras de su padre, muchas de las cuales él ya administraba y tenía hipotecadas por sus deudas de juego, es desheredado y puesto bajo tutela judicial. Los padres le exigen que abandone la casa familiar y que busque hacer su vida por otro lado. El resto de los Roig toma esta decisión de manera despareja. Los hermanos se dividen. Algunos la juzgan demasiado severa y ayudan a Víctor por un tiempo, hasta que comienzan a tener problemas con él. Otros optan por retirarle el saludo, como si de un desconocido se tratara. Lo cierto es que al cabo de unos meses, nadie sabe ya qué se hizo de Víctor. Nelly carga desde entonces con el peso indecible de un fantasma de nylon, que se adapta al cuerpo, estando sin estar, invisible y liviano, pero cuya percepción, por sutil que sea, está a flor de piel.

2 respuestas a «Valeria Castelló-Joubert – Nylon»

  1. Qué alegría ver tu cuento publicado! Te prestaron una linda historia, Vale. Historias de inmigrantes, anécdotas perdidas en el tiempo hasta que alguien se decide a escrirlas.

    1. Anahí, fue aquélla una sesión de taller que parecía casi de espiritismo. A fuerza de recordar y de narrar, trajimos personas remotas a sentarse junto a nosotros. Y luego, nos prestamos unos a otros estos seres evanescentes de la memoria. Yo presté al tío Justo, que hace tanto que no veo, no sé por dónde andará… ¿Quién se lo llevó? Como sea, elegí la historia de Virginia porque me interesa el modo en que el secreto obra en las familias: en un punto, y de esto estoy convencida, somos hechos de los silencios de nuestra familia, de lo que nunca nos contaron, acaso porque ellos mismos no lo sabían, o no creían que fuera importante decirlo. De ahí, el escribir furiosamente, contrasecreto.

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