Revista Vislumbres

La revista Vislumbres cruza fotos y textos de fotógrafos de la India y de Iberoamérica. Una excelente  idea de Santiago Gamboa. Los textos están en español o portugués y en inglés. Diseño, fotos y textos de excelente calidad. Contenta de haber participado. La foto sobre la que me propusieron escribir pertenece al fotógrafo  Sohrab Hura y se llama Elsa y Ma.

Elsa y Ma

Como yo, ella se llama Elsa. ¿Como será Elsa en India? , me pregunto con esa excitación que precede a los descubrimientos. Acepto la invitación que me propone la imagen, deslizo mi mirada del cuerpo de la perra, al de la mujer. Pelaje suave, negro, liso, brillante,  la perra, poros, impurezas, granos y huecos en la piel de la mujer, tan intenso uno como la otra.  Y ese beso leve y feroz que las cose una a la otra.

Hembras las dos, de eso no dudo, aunque desconozco el género de Ma. ¿ Ma es un nombre o apócope de mamá?  La mujer –decido- es la mamá de la mirada que arma la foto.  Tan cerca como sólo la puede ver un hijo,  esa dulzura atroz, esa complacencia en agigantar los defectos y exhibirlos.

Voy al fondo granulado y desnudo donde se apoyan las figuras y de ahí al fotógrafo. Soy lo que miro, lo que Sohrab Hura me muestra, soy su foto, ellas.  Escucho una voz, femenina, que me cuenta:

La trajo Sohrab una tarde cualquiera de invierno y la instaló en casa. Me la impuso sin más. Pese a su compacta presencia, su corpachón exagerado, había en ella un aire profundamente desvalido, como si, en su silencio, pidiera socorro a gritos. ¿Voy a tener que cuidarla yo? me hubiera gustado reprocharle, pero apenas si emití un gruñido sordo que él aplacó con una caricia distraída. Sohrab hace lo que quiere conmigo, desde el primer día.

Supuse que la habría recogido por la calle, apiadado de su indefensión, pero entonces lo escuché llamarla y me sorprendí, yo nunca la había visto y jamás podía sospecharla así. La miré con reticencia. Tuve que reconocer que ella y yo nos parecíamos: inmensas, oscuras, torpes, bellas, fuertes y delicadas . Un leve temblor de celos me sacudió:  ¿se quedaría para siempre con nosotros?¿tendría que disputar el amor de Sohrab con ella? ¿Qué necesidad tenía de juntarnos?

Ahora, muchos días y emociones más tarde, desde esta imagen que nos refleja como somos en nuestra intimidad,  te digo, Elsa,  que nos juntó para llegar a esta foto.  Así,  indiferentes y tan queriéndonos, quiso él exponernos al mundo, quién sabe por qué. Pero no me quejo, tampoco ella, porque nos tenemos una a la otra y a Sohrab Hura no lo hemos perdido.

Lo primero que nos unió fue la comida, ese platito tibio, sabroso, siempre a tiempo, pasó a ser algo entre las dos, como en otros tiempos lo fue con Sohrab, aunque desde lugares diferentes.  Y esa radiante vibración en las caricias, tímidas al principio,  que muy pronto aprendí a gozar, aprendimos,  porque ella también las disfrutaba.  Y  esa alegría sin recovecos que nos daba al rencontrarnos, cada vez que ella aparecía por casa. Ya existía una mutua predilección cuando Sohrab tuvo que hacer aquel largo viaje y nos dejó a solas. Nos encomendó a cada una que cuidáramos de la otra.

Fueron días felices: jugábamos sin disimulo y sin cortes en la casa donde Sohrab creció, las mañanas y las noches eran nuestras, nos acurrucábamos la una contra la otra para protegernos, celebrábamos la vida sin aspavientos.  Una tenue y poderosa malla de afectos se fue tejiendo día a día entre nosotras. Temí que Sohrab lo percibiera al volver  de su viaje y nos impusiera una distancia. Pero no fue así.  Lo aceptó  mansamente. La abrazó a ella, se despidió de mí sin un reproche, y se fue a su casa. Solo. Nos vendría a visitar, dijo.

No había atisbo de rencor cuando nos pidió que nos abandonáramos a nosotras mismas, como cuando estamos a solas, como si él no estuviera mirándonos, para retratarnos. Una suerte de provocación, un decirle al mundo: “Son ellas, Elsa y Ma, y así las retrato. Míralas, son lo mío, son mi vida.”

Está orgulloso de nosotras. Nos ama, dice ella, conmovida, mientras observa la foto que nos refleja.  A mí no sé si me hubiera gustado que me exhibiera así,  tan cerca,  sin pudor,  la piel poblada de defectos, poros abiertos como cráteres, granos, párpados bajos y sombríos, papada, el pelo desalineado , y besándose  con una perra, por más bella que sea. Pero yo no soy su madre, soy sólo Elsa, la perra .

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