Máximo Soto – Entrevista sobre Mika

Por 9 julio, 2012Sin categoría

Àmbito financiero – Máximo Soto – Cuento una vida de novela; lo demás es para historiadores – 4.7.12

“Cuento una vida de novela; lo demás es para historiadores”

«No podía creer que la historia de Mika Etchebéhère no fuera conocida. Quise consagrarle una novela a esa chica argentina nacida en Moisés Ville que llegó a ser Capitana al mando de tropas en la Guerra Civil Española, y que vivió la aventura militante e intelectual del siglo XX», comentaElsa Osorio sobre su novela«Mika». Publicada por Seix & Barral, acaba de llegar a las librerías argentinas, después de haber aparecido en alemán, italiano, holandés y francés. Elsa Osorio es profesora de Literatura, ha escrito guiones de cine y entre sus libros se destacan «Ritos Privados»«Las Malas lenguas»«Cielo de Tango»,«A veinte años, Luz». Dialogamos con ella.

Periodista: Resulta curioso que usted se haya enterado hace unos 25 años, a través de escritores de la revista «Sur», de la vida aventurera de una argentina que fue una miliciana trotskista que comandó tropas en la Guerra Civil española.

Elsa Osorio: A partir de ahí comencé y dejé ese libro no sé cuántas veces. Cada vez que tenía oportunidad buscaba más documentos sobre Mika Etchebéhère. Cada vez que lo dejaba, algo pasaba que hacía que me cruzara con su historia de nuevo.Juan José Hernández me hizo conocer la historia de Mika en una charla en 1986, a partir de ahí cada vez que nos encontrábamos en Buenos Aires, en Madrid o en París me preguntaba qué había descubierto sobre esa mujer, y entonces era yo la que le contaba sobre Mika. A fines de 2005 me dijo: «por qué no escribís el libro si ya lo tenés, si hasta has publicado notas sobre ella, dejate de buscar y buscar, y escribila». Yo estaba enredada entre documentos. En Francia fui a ver a uno de quienes la habían conocido, que había entrevistado 12 años antes, y me dice: «pero, ¿sigue con esa historia?», y me lleva a la casa de Mika en Perigny, a pasos de la casa donde Trostky había firmado la Cuarta Internacional. Juan José Hernández me contó que había ido a Perigny con Pepe Bianco en busca de rastros de «esa mujer extraordinaria». Me enganchó con Mika la historia de una argentina aventurera que Juanjo, que era un maravilloso narrador oral, la contaba mezclada con novelas y películas. Además, Mika había escrito en la revista de Victoria Ocampo una nota contando de la Guerra Civil española. Cuando vino a Buenos Aires al final de la Segunda Guerra Mundial, para volverse a París otra vez, escribió en «Sur» tres artículos sobre la posguerra en Francia. Cuando estuve en la casa deMika en Perigny recuperé la fascinación que sentían Pepe Bianco y Juan José Hernández por esa mujer, que veían en ella una de las sendas de la gran aventura intelectual e ideológica del siglo XX. Una argentina que estuvo en todos lados y que parece no conocerla nadie, que es una gran olvidada de nuestra historia. Le escribí un largo mail a Juanjo, que era el embrión de mi novela, pero no pudo leerlo porque esa misma tarde de marzo de 2007 en que yo caminaba conmovida por el jardín de Perigny y sentía la urgencia de contar la historia de Mika, en Buenos Aires se moría el escritor Juan José Hernández.

P.: ¿Cómo la chica de Moisés Ville Micaela Feldman pasa a ser Mika Etchebéhère y de ahí a la miliciana Etchebéhère?

E.O.: Es un recorrido raro. La familia se va a vivir a Rosario, y ella, a los 18 años, se va sola a estudiar a Buenos Aires, algo bastante excepcional en 1920. Estudia odontología, y ahí conoce a Hipólito Etchebéhère en el Grupo Insurrexit, donde escribían Horacio Quiroga, Alfonsina Storni (de quien Mika fue muy amiga),Salvadora Medina Rubia, que eran mayores que ella. La revista Insurrexit reunía gente sin militancia partidaria que estaba por la Reforma Universitaria, y fascinada por la Revolución Rusa, entre los que estaba en ese momento Jorge Luis Borges. La de Hipólito Etchebéhère es una familia de la burguesía que había comprado campos, el padre era un vasco francés que había venido a poner los teléfonos en Tucumán. Hipólito y Mika se unen con votos revolucionarios. Como Hipólito esta enfermo de tuberculosis se van a la Patagonia, donde Mika hace recorridos como dentista en una camioneta. Juntan dinero y se van a París donde se dedican a estudiar porque piensan que para poder cambiar el mundo hay que ser mejores, según he leído en los cuadernos que dejaron. Pasan a Berlín justo en el momento del ascenso del nazismo. Ellos con enorme lucidez ven lo que se viene, mientras que gente del Partido Comunista con la que hablan dicen que lo de Hitler es momentáneo, que va a durar unos meses, como mucho un año. Ellos se vuelven a Francia. Cuando por su enfermedad Hipólito es internado en la afueras de París, se cruzan cartas, que yo pude leer y que son testimonio de una bellísima historia de amor.

P.: «Mika»,¿es novela histórica, reconstrucción biográfica, no ficción o, por lo que acaba de decir, una historia de amor?

E. O.: La verdad que la historia de amor, donde además de expresar sus sentimientos se comentan los libros que leen, los hechos que ocurren, me gustó. Entré en un compromiso tal que leí hasta los libros que ellos leían. Pero mi libro no es historia de amor, ni una biografía por más que sobre Mika hace muchos años que investigo. Pese a que es una historia apoyada en documentos, la vida de Mika la cuento desde la ficción. La verdad que me costó meterme en el mundo de la guerra, de las armas, de los conflictos internos. Contar que fue perseguida por los fascistas, acusada por el estalinismo de «desafecta a la república» y acosada por un siniestro agente de la GPU. Al final conté su vida por un lado y la guerra por otro, y esos dos relatos confluyen al final del libro. Yo quería contar una vida de novela, que ahora sería bueno que tomen los historiadores.

P.: ¿Sintió que había una especie de destino que la llevaba a escribir la vida de Micaela Feldman de Etchebéhère?

E.O.: Más allá de la atracción que me provoca su aventurera vida, los documentos y testimonios que iba encontrando, el azar que me llevaba una y otra vez a volver sobre esa mujer, por más que la abandonaba, su historia volvía a imponérseme. Recuerdo que en un viaje a París, en que iba por otra novela, alquilo

un departamento, miro por la ventana y estaba frente a la casa en que vivieronHipólito y Mika. Investigué tanto, los seguí tanto, que estaba tapada de información. Tenía datos de sus vínculos con el grupo de la revista «Sur», conCortázar que era muy amigo de ella, y al que Mika le consiguió su primer trabajo como traductor en la UNESCO, de la sorpresa de Bianco cuando se cruzó con ella en la revista de Victoria Ocampo y supo que había sido Capitana. Todo eso lo dejé de lado como muchas otras tantas cosas, y me centré en ciertos momentos de su vida, que fue muy rica porque se movió en un mundo de revolucionarios, de poetas, de intelectuales, de artistas. Cuando regresa a Francia se relaciona con los surrealistas, es muy amiga de André Breton y de su primera mujer Simone, que es la que arma la galería de los pintores surrealistas.

P.: ¿Por qué su novela tiene nombre diferente en cada idioma?

E.O.: Yo quería que se llamara «Mika», como salió en la edición en español, pero para algunos editores Mika no les decía nada. El primer país en que se publicó fue en Alemania, ahí me decían que Mika sonaba a soldado ruso. Le pusieron «Die Capitana», el articulo en alemán y el rango en español. En Francia sale como «La Capitana», en Italia «La miliziana». Los únicos que le pusieron «Mika», junto con las ediciones en español, fueron los holandeses. Como en todos los casos, son editores que han publicado mis otros libros, y cuidan mis obras, he respetado el criterio de cada uno aún en casos que no terminan de convencerme.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

E.O.: Ahora estoy descansando un poco, después de las giras de presentación de«Mika». Tengo entre manos la adaptación de una novela mía para una posible miniserie de televisión.