Javier Rovira – El horno

Javier Rovira es músico y escritor. Formó parte varios años de los talleres de Madrid, y seguimos en contacto.  Es autor de dos excelentes novelas: Driss y Un plato para el obispo.

El horno

……Lo que más me gustaba de las vacaciones en el pueblo  era el olor de la vainilla mezclada con canela; eso, y las tetas de Presenta. Presenta hacía panes y bollos dulces en el horno contiguo a la casa de mis tíos,  preparaba el hojaldre por la noche, y por la mañana, cuando yo me escurría como una ardilla de la cama que compartía con mi primo para ir al horno y ayudarla, mezclaba con mucho mimo la leche,  los huevos y el azúcar para  la crema del relleno.  Yo me quedaba embelesado mirando cómo movía la pasta despacito despacito con el cucharón de madera. Ella siempre andaba protestando, pero yo sabía que en el fondo le gustaba que viniese a enredar: ya estás aquí, zagal, si no han cantado ni los gallos, demonio crío, como tu tía se entere de que te levantas de noche para venir a meter el hocico en los dulces la vamos a tener. Yo me hacía el sordo y me plantaba en un pis pas junto al cazo, le preguntaba a Presenta si quería que sacara las ramas de canela de la alacena, y le juraba y le juraba que esta vez no se me iría la mano, que ya me acordaba yo de la última que organicé, cuando añadí tanta canela a la leche que los  hojaldres se pusieron amargos.
……Después hacíamos el pan, eso era lo más divertido. Presenta acababa embadurnada de harina y a mí me gustaba mirar esas tetas tan grandes cubiertas de polvillo blanco. Mi tía siempre decía que las tetas de la vaca que teníamos en el establo eran mucho más bonitas que las de la Presenta, y sobre todo mucho más honradas. Yo no entendía muy bien esa frase,  porque las tetas de la vaca eran dos pellejos rasposos, y  porque para mí no había nada como ver a Presenta agachándose para meter los panes en el horno,  y mirarle así el escote todo blanco de tanta harina como le había caído encima. Entonces Presenta se ponía muy seria, tan seria que se parecía a mi tía: Anda rapaz, que ya has ayudado bastante y está  clareando por el monte, más vale que te vuelvas a la cama que si no esa sargenta te va a pescar y se te acabarán las vacaciones en el pueblo. Yo me abrigaba  bien abrigado porque sabía que en la calle hacía un frío que pelaba antes de entrar en el horno,  y porque sabía que todavía haría   más  al salir, porque  el horno no sólo olía a clavo y almendras dulces si no que además,  estaba tan calentito que  parecía que te abrazaba como lo hacía mi madre antes de  irse a ese viaje tan largo. Mi tía no me abrazaba nunca, en el pueblo decían que su marido la engañaba por ser más seca que un sarmiento, supongo que algo tendrán que ver los sarmientos y los abrazos, pero  yo la quería mucho porque  me invitaba a pasar las vacaciones en el  pueblo, así yo no tenía que quedarme en el internado y podía escabullirme por las mañanas para ayudar a Presenta  antes de que se acostaran las lechuzas.
……La última vez estuve a punto de pedirle a Presenta que me diera un abrazo como los que me dada mi madre, para que me estrujara bien fuerte contra aquellas tetas tan grandes y tan cubiertas de harina y averiguar si sabían a natillas o a miel. Luego cerré la puerta del horno muy suavecito,  y la mirada de mi tía me heló  la sangre con todo el frío del invierno: ¡lo único que me faltaba!, que esa perdida te lleve a ti también por el mal camino, anda, tira para la casa que luego hablaremos tú y yo.
……Las vacaciones en el internado son mucho más aburridas que en el pueblo, pero Araceli, la cocinera, me ha dicho que me enseñará a preparar leche frita y buñuelos de castañas. Ya me estoy relamiendo.

4 respuestas a «Javier Rovira – El horno»

  1. Paso a paso vas transmitiendo de modo muy vívido las emociones del niño, el calor del horno, el frìo del abandono, la dureza de los prejuicios, la fuerza de la vida que encuentra como seguir adelante.

  2. ¡Qué lindo horno, Javier! Un relato lleno de inocencia, melancolía y una historia familiar muy bien insinuada detrás. La visión del niño está muy bien lograda, de manera muy natural y con muchísima ternura.
    Saludos desde Buenos Aires.

  3. Imágenes que se graban en la memoria con un olor, un sabor, una piel.
    Inolvidable: un relato que entra por los ojos, por las manos, la nariz, la lengua, se va instalando en el corazón, y da lugar la magia de recordar la propia infancia.

  4. Entrañable! Tu historia, Javier, evoca las películas de Kierostami. Sensaciones enternecedoras y la mirada de un niño que en su soledad encuentra el camino. Esas tetas son metáfora de tantas cosas.

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