Graciela Tubino – Mujeres

Graciela Tubino es psicóloga y escritora.  Los cuentos de Graciela hacen reír, llorar, estremecen, sorprenden. Toda una promesa. “Mujeres” se propone : oralidad y el empleo de la segunda persona con valor de primera, asimilación de  “El mundo ha vivido equivocado” de Fontanarrosa.

Mujeres

El 70 % de los hombres casados es infiel – dice Cecilia ojeando la Cosmopolitan mientras sorbe un largo trago de café negro.
Decímelo a mí que me divorcié tres veces, tengo cuernos de colección – dice María desde la reposera, mientras mira las parejas en la pileta cubierta del Spa.
Bueno, si todos los tipos con que saliste te cagaron tendrías que preguntarte de quién es el problema, ¿no? -lanza Luz sin abrir los ojos.
¡Salí, psicoanalista de cuarta! No me vas a decir que nunca un tipo te cagó.
Dejála en paz y seguí con lo que estabas – dice Coqui, dando palmaditas a la espalda de María.
Según la revista, la mayoría de sus amantes son casadas -sigue Cecilia.
Como dijo Bioy: “Un hombre es siempre infiel con la mujer de otro”, ¿o no? Anda a saber  cuántos de estos que están acá en bata de Spa dejaron a la bruja en casa cuidando a los chicos, y con la excusa de una reunión,  están a punto de revolcarse con otra en los privados de este establecimiento – observa María.
Imaginemos: a esta  edad tu hijo de 18 te dijo, ma, Cintia esta embarazada, y  vos, me quiero morir, abuela a los 50, encima con esa piba que ni habla, tu matrimonio viene funcionando a la mitad , y en medio de eso, conoces un tipo, supongamos, en un chat – dice Cecilia.
Desde hace un  tiempo están chateando. Vos le contás tus mambos, él los suyos,  ni te das cuenta y ya son íntimos.
Ya estás metida hasta la cabeza – dice Luz
Y sí. El tipo quiere verte y te decís bueno, con ver no pasa nada, y vas. La cabeza a mil, te preguntás cómo será, si te va a gustar, si a lo mejor es enano, si tiene una cicatriz o si es rengo por un accidente de juventud.
¡Salí! ¿Quién es? ¿el jorobado de Notre Dame? – dice Luz doblándose de risa.
Ay, ¡sí! ¡Que tenga una cicatriz, de esas que te raspan la yema de los dedos!- dice María
– De ésas mal terminadas para mimarle las salientes y las  puntadas irregulares.
– Como sea, vos te haces el bocho, no sabes. Entonces lo ves: tipo contundente. Un poco fuera de línea y no tan alto como te gustan. Saquito abrochado, camisa sport,  zapatos  de gamuza. Todo al tono. No es lo que más te gusta,  pero vos ya viste  lo que hay adentro y  eso sí  te gusta. ¡Te encanta! – dice Cecilia con los ojos perdidos.
– Como dice el refrán: «La suerte de los feos los lindos la desean» – acota Coqui.
– Al revés, la suerte de las feas- dice María.
– Bueno, como se les de la gana – continúa Cecilia – Y éste no es feo: se descuidó. La cuestión es que vos te la pasaste buscando y buscando, la sensación de que algo te falta, siempre pensando que en la  vida no era sólo hijos, marido, trabajo, y es la posibilidad de llenar el hueco. Pero estás casada.
– Qué cagada.
– Una cagada. La vez que encontraste el puto deseo, se te da por la moral- acota Coqui.
– Si vas a ser infiel,  si no, que si está bien, si mal.  Hasta que te das cuenta de que a cierta edad relativizas: “infiel” cambia por “la vida es corta” – certifica Cecilia.
– O entrás en la onda intelectual y entonces es post modernidad que obliga-  dice Coqui.
– ¡Ma qué  posmodernidad! Lo que querés es tirarte los últimos cartuchos antes de perder la memoria – dice Luz.
– La  piel también te va diciendo que ya no es lo mismo – sentencia Coqui
– Vos no querés, porque al final, muy en el fondo, sos una Susanita a la que siempre le vendieron el traje blanco, y  hasta que la muerte los separe – continúa  Cecilia.
– Miras alrededor y te sentís una boluda. El 40% de los tipos con los que estás tiene  una amante (o varias)  y vos  ninguno – dice Luz.
– Ahí tomas revancha por el tiempo malgastado.
– Claro, te preguntas: ¿no me estaré perdiendo  algo yo?-  dice María.
– ¡Para! ¿Qué estás? ¿Despidiendo el tiempo perdido?
– Es que con tus 50 te das cuenta que siempre esperaste que alguien como Keanu Reeves se fijara en vos.
– Retomando, imaginate la escena: te ves llegando con el tipo a su loft, por primera vez solos.  A medida que van intimando, vos pensás: por favor, que no tenga olor; es casi un ruego, porque ahí se te va el ideal a la mierda y se pudre todo.
– Una vez salí con un tipo  que me desconcentraba por el olor – dice Luz con cara de asco.
– Peor. Mira si además de olor, cuando se saca los zapatos tiene uñas gruesas, de jabalí, largas,  escamadas y  con hongos- agrega Coqui.
– No, pero éste no. Este no hiede ni tiene uñas de animal. A medida que se te acerca te vas dando cuenta de que  te calienta, te mira a los ojos y sabes que tus fantasías se van a cumplir.
– Éste te espera acostado mientras te bañás, se toma tiempo para contarte lo que hace y escucha sonriendo cuando le decís: Siempre quise conocer un hombre mitad jabalí, con cicatriz de pelea –  remata María.
– ¡Pobre el  tipo que tenga que cumplir las fantasías de ustedes dos!- se ríe Luz.
– Basta, córtenla. A ver, sigamos. El ambiente se va templando y  le pedís de pasar al baño. ¿Me habré puesto lo que le gusta? pensás, acto seguido te reprochas infinitas veces por qué mierda no te hiciste las tetas. No están mal, pero son chiquitas.
– Dos Minicooper- dice Coqui
– O dos Fititos usados, según- agrega  Luz
– Tengo una amiga que fue a la cirujana y  le dijo: – Señora apúrese porque sino no le van a servir para nada – recuerda María
– ¡Qué animal!
– Somos  unas taradas, siempre pensando en lo que le gusta al otro – dice Luz.
– Bueno, vos querés que le guste. Tomas coraje, abrís la puerta y salís con la tanguita de leopardo que compraste en Floresta a mitad de precio, y ves que a  él  le gusta. La cosa se va dando, vos ya lo tenés abajo, cuatro patas, boca mordiendo cuello y, de golpe, te viene una idea.
– ¡Hacer la comida!- dice preocupada María.
– No, no. La idea de que seguro alguien conocido te va a ver cuando estas saliendo  de su casa.
– ¡Sí!. La madre del boludo del compañerito del grado de tu hijo, esa que en las reuniones de padres cuestiona que dan sándwiches de milanesa los días de gimnasia y  a su chico le cae pesado.
– Una boluda importante.
– Si, eso. El tipo pide más y vos pensando qué pasa si te cruzas a alguien al salir.
– Justo vos que conoces a todo el mundo aunque estés en la loma del orto.
– Te preocupas, te asalta esa inquietud que te hincha la vena de la cien, te paralizas de golpe y abrís los ojos. El tipo pregunta, qué pasa, no sabe si se mando algún moco, nonada, decís, pero vos ya estás fuera de foco y  flagelándote por dentro.
– Te sale la masoquista, látigo y palos- dice María.
– Vos con todas tus distracciones estás a media máquina y te lo vas a perder. El tipo te da vuelta y vos desde abajo ves que está que revienta, no puede más.
– Qué garrón, porque no estará tan bueno pero se está portando como un duque.
– ¡Cortala con que no esta bueno! Está bueno. Y sí.  El hombre trabaja, le da y le da.
– Un obrero, con lo que falta mano de obra calificada.
– Mi último marido terminaba en un segundo y después me lanzaba un: “ A ver vos cuando te vas a derretir con algo, eh?”
– ¡Tus maridos uno mejor que el otro!
– Premio a las elecciones te van a dar – acota Luz
– ¡Pará! Escuchen. Vos seguís. Es ahora o nunca, te decís. Entonces experimentas el reflejo de succión, y el ir y venir de labios te lanza directo al placer. Agarras el ritmo y te dejas llevar, ya no te importa si es Clint Eastwood o Cacho Castaña. Surmenage de sacudones, arañazos, mordiscos. Succionar, frotar, todo a full. A esta altura si te quedas en banda lo matás.
– Pero este aguanta. Este leyó a Gindin, a Kusnetzoff, “La nueva sexualidad del varón” y, como si fuera poco, todas las noches relee el manual de sexo  tántrico.
– ¡Ja! O no pasó de un artículo rasposo en la revista Tendencia- dice  Luz.
– ¡Ah!- engancha Coqui –  Y más tarde, sereno, entre penumbras,  te dice que lee, que le gusta escribir, que hizo un taller en la SADE.
– ¿Por lo del  Marqués? ¿Qué? ¿Era un perverso? – dice Luz
– Vos no entendes nada –  dice Coqui .
– Si es leído o escritor no importa – dice María.
– No importa –repite Coqui pensativa.
– Yo no se si leyó o escribe o qué, pero este te espera – dice Cecilia
– Yo no sé si leyó o no leyó, pero éste te espera y te quiere llevar al cielo con estertores estelares de magnitud cósmica- dice Cecilia con una sonrisa en los labios.
– Bueno, basta. Escuchame Cecilia, vos te das cuenta que lo hiciste todo sola ¿No? – tira el bombazo Luz – ¿Para qué lo necesitás?
– ¡Callate tarada! No le hagas caso Ceci,  ¿No la conoces todavía? Es envidia: a ella ese tipo no le da ni bola.
– Y, decime Ceci – susurra tímidamente María –  Este hombre, ¿No tendrá un amigo?

4 respuestas a «Graciela Tubino – Mujeres»

  1. Muy bueno, Grace. Yo rièndome y viene mi hija: yo tambièn me quiero reir. Mucha chispa. Por un lado dialogos íntimos entre amigas creìbles , casi cotidianos y por otro lado la sorpresa de lo inesperado. Diferentes caras de lo femenino, de nuestra sociedad. En forma ligera, casi inocente das pinceladas criticas, irònicas que provocan y dejan pensando. Múltiples caras de la intimidad femenina son fotografiadas y traducidas en forma de dialogo, entrelazadas con soltura provocando la deliciosa experiencia que lleva al placer de leer.

  2. Me gustan esas reuniones, donde se recrea la magia del gineceo o del aquelarre, donde se tejen amores, donde se instala la hermandad.
    Leerte fue como haber estado en esa reunión, disfrutando de esa pícara charla de chicas…
    🙂

  3. ME ENCANTO !!!!!!!! POR MOMENTOS PARECIA ESTAR ESCUCHANDO UNA CHARLA DE MIS AMIGAS, DONDE NO FALTAN LAS VERDADES, LAS MENTIRAS, ANHELOS, LAS CRITICAS INEVITABLES, PERO TODO CON UNA GARGA DE MUCHO MUCHO SENTIMIENTO PROPIO DE LO FEMENINO, EL DESEO EN SU MAXIMA EXPRESION.
    PODER PLASMAR EN UN CUENTO PENSAMIENTOS TAN CIERTOS ES INCREIBLEMENTE HERMOSO.
    GRA, SENCILLAMENTE MARAVILLOSO COMO TODO LO QUE ESCRIBIS…

  4. Tan real, actual descriptivo, esa intimidad que creamos en nuestras charlas femeninas, se entrelazan con sutileza las distintas miradas de humor, envidia, miedo, tristeza, hermoso Grace!!!!

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