Gonzalo Landaluce – Historias de mi vida

Gonzalo Landaluce nació en Caracas, pero vive en Madrid de toda la vida. Gonzalo es un pilar de mis talleres de Madrid. Escribió “Megasystemas”, conjunto de relatos  de un sutil erotismo que se ligan unos a otros por el hilo del lugar donde trabajan, es también un descarnado cuadro de costumbres . En “Historias de mi vida”  la reflexión entrelazándose a la anécdota, otra característica de su narrativa.

Historias de mi vida, Historia de mis vida

……Una hora en la cola de un museo, una hora de un sermón en pascua, una hora en un atasco, una hora,  cualquier hora,  puede ser muy larga. Y un día  puede ser eterno, como lo es, sin que lo tenga que imaginar, un día en un cuartel, en un colegio o en una cárcel. Pero una vida, todas las vidas,  son extremadamente cortas. A unos les sorprende la muerte, a otros la vejez, a todos el hecho de solo tener una vida; cuando se está a punto de terminar, a todos les parece una broma triste el haber perdido la vida detrás de cosas que no eran realmente importantes, realmente placenteras, o realmente libres. Son pocos los que en esta vida, o en cualquiera, llevan, o han llevado,  las vidas que han querido. Entonces,  si pudieran, todos pedirían una segunda oportunidad,  una segunda vida para hacer lo que no pudieron, no supieron o no se atrevieron a hacer en esta.
……Yo tuve, tengo,  esta segunda oportunidad, aunque tampoco estoy muy seguro de que lo sea. En esta forma de vida, o vidas,  que llevo desde hace ya no se cuánto tiempo, tampoco elijo la vida  que quiero vivir.
……Cómo empezó esto, cual fue su principio, es una de las muchas preguntas a las que me he acostumbrado sin lograrme responder de forma convincente. Y porque la memoria no puede remontarse al infinito, porque necesitamos de un origen, y aunque no nos guste, de un final, me esfuerzo por  recordar a un primer niño siendo yo, un niño temeroso, obediente, un niño cuya principal ambición era la de terminar el día sin que nada malo le hubiera pasado. Un niño también sometido por otros, otros más fuertes, mas atrevidos, otros cuya ambición era la de cambiar las cosas a tenor de sus deseos. Aquél niño quería cambiar y ser como los otros, vivir una vida donde el fuera lo que quería ser. Pero no podía. Obscuramente intuyó que estaba condenado a ser el que era, y fraguó sin saberlo un deseo de cambio que transcendiera la vida que llevaba. Recuerdo entonces a un niño refugiándose en lecturas donde tomaba prestadas otras vidas mientras duraba la ficción, donde hacía pactos con un diablo para ser lo que no podía ser en esta vida  como un Doctor Faustus, donde gracias a una pócima daba rienda suelta a su ferocidad contenida como un Mr. Hyde, donde el miedo era subliminado hasta la ilimitada heroicidad de un Lord Jim.
……Puede ser placentero vivir otras vidas de forma transitoria como unas vacaciones de las que regresamos inmaculados, pero para aquél niño el regreso era penoso, lo que no quería era volver a ser el que era, como luego recuerdo al adolescente, estudiante modélico que insatisfecho de sí mismo quería cambiar de vida – ¿ quien no ha deseado a esa edad romper con todo, dejar familia y lugares, dejar la vieja personalidad como un traje gastado y ponerse una nueva donde nadie nos conozca, donde poder ser lo que nos venga en gana?- , y al joven brillante, empezando carrera en el mundo laboral y noviazgo con chica formal, pero  ansiando algo distinto sin poder nombrarlo- ¿ quién a esa edad no ve el mundo de su mayores chato, pobre y romo en comparación con las expectativas de realización de uno?-.
,,,,,,Así seguía llevando mi vida a través de sus distintas etapas, escindido entre la esperanza de que un día me llegara la muerte sin enterarme y sin que nada malo me hubiera pasado,  y la ambición de llevar una vida diferente sin saber muy bien que quería aquello decir, hasta una madurez en la que cada día era como la roca que todos los días un Sísifo arrastra desde la madrugada, montaña arriba, para dejarla caer con el ocaso pendiente abajo, y al día siguiente volver a empezar–. Pero, ¿ para quien los días no se miden por la magnitud del esfuerzo por tragar al jefe, a los clientes, a los colegas, a la suegra, a los niños, a la mujer, a ciertos amigos ?-.
……Recuerdo a ese adulto que era yo reconociéndome entre aquellos que estando de vacaciones siempre piensan en que pueden hacer para dejar de hacer lo que vienen haciendo. Un compañero dejó trabajo y ciudad para hacerse con una casita de turismo rural,  un hermano dejó una multinacional para dedicarse a dar clases de golf, un conocido se cogió un  año sabático para dedicarse a la pintura ( le habían echado de su empresa con una buena indemnización).
……Y ese adulto que era yo, realizó ciertos cambios, se compró una moto, se apuntó a un gimnasio, tuvo una aventura extramatrimonial,  se cambió de trabajo,  – ¿ quien no hace eso a los cuarenta?-, pero al final se dio cuenta de que seguía siendo el mismo llevando la misma vida.  Se relajó. Pensó que ya no iba a poder cambiar de vida. El relajo trajo el disfrute. No es que hiciera balance, era perezoso para las cuentas,  pero le encontré ventajas a mi vida, a sentirme a gusto conmigo mismo, a no querer ser otro, a encontrar placeres en mis quehaceres.
……Entonces ocurrió aquello.
……Un día por la mañana no sabía quien era yo.
……Sabía que era yo porque si no, no sería yo preguntándome quien era yo, pero a parte de eso, no sabía nada más. ¿ Proceso degenerativo? ¿ Alzeimer?. Pero no. Si así fuera no recordaría lo que hasta ahora he contado, ni lo que ahora voy a contar.
……Simplemente al mirarme en el espejo esa mañana , descubrí que tenía, tengo, otra cara, que estaba, estoy, en otra habitación, que había, hay, otra mujer, y sobretodo, que oía otra voz que salía de mi interior, una voz que también era mía pero que no era la misma con la que digo lo que ahora digo.
……¿ Me estaba volviendo loco?. ¿ Era una pesadilla?. Pero no, era, es, muy real: estoy dentro de otro, de otro que de alguna manera también soy yo, pero que lo veo, me veo, desde fuera.
……Estaba en un cuarto de baño que sabía que no era el mío, tampoco era del otro que también era yo, sintiendo el vértigo de estar perdiendo pie, cuando entró una señora que no era mi señora ni la del otro que también era yo, ¿ cómo va la reparación? ¿ es el bote sinfónico?, si, yo era fontanero, y tenía que reparar el baño de aquella señora, que noté me miraba con cierto interés, pero yo seguía siendo ese yo que era concienzudo cumplidor del deber, y rápidamente me puse manos a la obra, no señora, es el codo  de conexión con la caída general, y la señora que dice que me tome el tiempo que necesite, y que si quería una cerveza. Estaba a punto de decir que no, que cuando trabajo no bebo, cuando esa otra voz que también era la mía pero no la misma, dijo que sí, gracias, que era un gusto trabajar para gente tan amable y encantadora como ella, y yo que lo veo venir y que no lo puedo parar, porque a la media hora ya estaban enzarzados, o estábamos enzarzados, allí mismo, sobre el lavabo, sobre el suelo mojado, y yo que al final me relajé y dejé de pensar quién era el que le estaba haciendo el amor a aquella señora para sentir por un momento que por fin era yo.
……Al volver a una casa que no era la mía pero a la que me llevaban mis pies, me preguntaba que me estaba pasando, que era de mi otra familia, si seguiría por ahí un yo que era el yo de antes llevando a mis hijos,  al colegio y discutiendo las pequeñas complicaciones domésticas con mi mujer, la de antes, pero la vida tira para adelante y tenía que responder a los que ahora encontraba y que me llamaban por otro nombre, y que sabían cosas de mí que yo también sabía sin recordarlo, como debían de las categorías de tiempo y espacio, esas forma a priori del conocimiento sensible, para el filósofo de Konigsberg.
,,,,,,No es que me costara acostumbrarme a los nuevas caras, usos y lugares más de lo que puede ser acostumbrase a vivir en otro país, era que dentro de mi, que yo mismo no era yo mismo, sino otro que tenía impulsos y que hacía cosas que los restos de lo que había sido mi yo no querían pero que no podían evitar. El haraganear, los escarceos a domicilio con las señoras, las eternas partidas de mus al calor del sol y sombra y con gente que antes hubiera menospreciado, la injustos abucheos a un pobre árbitro chivo expiatorio de todas las frustraciones, todo eso lo vivía porque no había más remedio, como supongo que hacía antes con otras muchas cosas de mi anterior vida. Hasta que me relajé y entonces encontré el placer de dejarme ser. Pero cuando ya se me había olvidado quien era ese yo que no era el que ahora era, entonces un día, al detenerme para mirarme en un escaparate, el espejo me devolvió la cara del cofundador de una ONG. Esta segunda brutal transmutación  me dejó mas perplejo, si cabe, que la primera. Este arrancarme de la vida que ya estaba llevando para lanzarme otra vez a una nueva vida, dejando atrás una muerte, se ha convertido desde entonces en mi peculiar devenir por la existencia. He aprendido que cada noche que me acuesto puede ser la última, que cada vez que me miro en un espejo, este puede devolverme un nuevo rostro y volver a empezar.
……Se que esto no tiene nada que ver con la solución que intentó el Portugués que para escapar de la saudade de una vida sin horizontes se inventó biografías donde era marino, ingeniero, campesino, biografías a las que daba vida en su forma de sentir la realidad y escribir sobre ella,  siendo la vida real una de las muchas vidas que en su imaginación simultáneamente llevaba.
……Tampoco creo que se refiriera a esto el de Éfeso con su teoría del eterno retorno. Casi me convenció el pensador alemán para el que esta vida que vivimos no es sino una entre las muchas que los dados nos harán, nos hacen, vivir, repitiéndose todas eternamente. No cabe duda en la irrevocable veracidad matemática de que las combinaciones infinitas de elementos finitos lleva necesariamente a la repetición eterna de cada hecho vivido, así como a vivir todas las combinaciones posibles de hechos, o de vidas. Aparte de que pienso que la teoría filosófica raras veces consigue realizar el salto mortal inverso entre metafísica y física, tengo otras razones para saber que no se trata de eso, como también se que no se trata de las reencarnaciones hinduistas. Entre otras cosas, he sido hindú,  he profesado esa religión, – no me ha cabido más remedio – y la supuesta reencarnación de las almas poco tiene que ver con este ir saltando de vida en vida sin sentido.
……Porque en todas las vidas que hasta ahora he vivido no he podido cambiar la vida que me tocaba vivir: he sido un presidente y he sufrido declarando una guerra injusta, yo que era pacifista, he sido soldado y he enloquecido participando en saqueos y violaciones, yo que detestaba la crueldad, he sido fundamentalista fanático y no he podido evitar la estupidez de una acción suicida, yo que era agnóstico y no creía en los valores del patriotismo, he sido manipulador ecologista, y también manipulado convencido, he sido madre soltera, prostituta, yonqui y camello, he sido millonario y clochard, he sido padre, e hijo del mismo padre, esposo fiel y el amante de la mujer que le engañaba, y he sido también la mujer.
……Como el Dios que está en todos y cada uno, he participado de todas las vidas, he comprendido que todo puede ser perdonable, y he sufrido todas las muertes. Quizás me haya hecho más sabio,  pero no por ser todos los hombres se es más hombre. Ser hombre es ser único, vivir una vida, y una muerte. Quizás esa sea la frustración del Dios que quiso ser hombre,  y por eso le digo que yo ya no quiero cambiar más de vidas, que me basta con una, con cualquiera, o con esa, con la que me tocó vivir queriendo ser otro para perder la que era mía.

Un comentario en “Gonzalo Landaluce – Historias de mi vida”

  1. Aaah, bueno, estimado Gonzalo! He pasado por tu cuento y debo decirte que me atrapó la trama, el ir y venir de búsquedas del personaje, la sutileza de las filosofías insertas, los mitos apenas mencionados, y los matices (a veces tan oscuros) de la naturaleza humana.
    Me ha dejado pensando y eso, amigo, se te agradece.
    Por cierto, es tan memorable y profundo que creo que debería venir con algo así como una advertencia. (Un WARNING). Algo como : » ¡Cuidado! Este cuento puede ser movilizante para todos aquellos humanos que suelen revisar su existencia. En tal caso, se recomienda su lectura bajo estricta supervisión terapeútica».

    Un placer de leerte. Me voy a terapia.

    Pd: gracias por el comentario y el vínculo que me dejaste en el cuento. En tanto lo lea, te escribiré. Realmente un gusto tu cuento. Que haya más.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *