Desde adentro

Eduardo E. Grassi, porteño, tomó coraje y de las ciencias se deslizó a las letras. Es un habitué de presentaciones y eventos literarios. Estudia y escribe en el “Taller Huellas” de Martine Tallier y forma parte de mi taller de técnicas narrativas. Entre cuento y cuento, escribe una  novela. Hoy compartimos “Desde adentro” 

 

Desde adentro

Así terminó todo.  Sí, me vi en la obligación de escribirte esta carta para que pudieras comprender por qué sucedieron las cosas. No es que yo crea que no sos capaz. De ser así no estarías leyendo estas palabras. Las dos sabemos que nos tenemos un profundo, sincero y lejano respeto. Sí, tal vez muy lejano, porque a veces pensamos tan distinto que pareciera… pero sin embargo, lo que más ansiamos las dos es eso: Respeto.

Cuando fuiste por primera vez al taller, sabías lo que buscabas. Sí, exactamente eso, un escape de la realidad de tu vida. Un escape de tu pasado lleno de vacío, lleno de olvidos y de reproches. Jamás comprenderás por qué tuviste esa vida que no te merecías, jamás nadie será capaz de explicarte los motivos reales de tu separación. ¿Cómo pudo él dejarte después de más de treinta años de haberle dedicado tu vida, de haberle dado hijos, de haberle mostrado con ahínco cada uno de sus errores, para que hiciera bien las cosas, para que fuese mejor persona, para que supiera cómo progresar en los negocios? ¿Cómo pudo?

Es cierto que últimamente estaba muy cansado, y que había comenzado a levantarse más temprano para desayunar solo; también es cierto que por las noches llegaba tarde y se calentaba la cena que le habías dejado preparada y después veía televisión hasta que vos te dormías, y así, no tener que hacerte el amor. Hacerte el amor… hacía varios años que ya no te hacía el amor. Lo más que pudiste recibir, y cada vez más espaciadamente, era sexo. Sexo frío y rápido. Casi fisiológico. Solo para descargar dentro de vos su esperma acumulada. Él sabía que no te gustaba que te despertase para eso, pero te decías que tal vez así, él volvería a sentir algo por vos. Pero no. Lo único que lograste fue que te usara como muñeca inflable de carne y hueso, como puta barata que pagaba con una casa que limpiar y comida que preparar. Puta barata, en eso te había convertido. Porque vos nunca habías hecho el amor antes de casarte y después te dejabas cojer por un techo y un plato de comida para vos y para tus hijos. Puta… Te convertiste en una puta miserable. ¿Y para qué?, para que al final se fuese con otra. Sí, ya sé que vos te querés convencer de que fue porque ella tiene veintitrés años menos que vos, que es más bonita y seguramente es una puta de oficio en la cama. Porque vos no sabías hacer el amor y él no te enseñó, a su manera. Muchas veces te preguntaste si las mujeres querían hacer el amor y los hombres solo cojer, más allá de que amasen o no; pero tu ego fue más fuerte que tu razón. Sí, vos estabas convencida de que solo a las mujeres les gusta hacer el amor y que los hombres… los hombres son otra cosa. Y así terminaste, sola y amargada como una mujer frígida. Pero si al principio vos habías gozado del sexo, ¿por qué te restringiste a hacer el amor como en las novelitas rosas? ¿Por qué tuviste que pasar de ser primero una frígida y después una puta barata? ¿Por qué no pudiste tener sexo con él haciéndolo gozar y mostrándole cómo vos también podías gozar?

Hoy todo es historia y de la historia se aprende. Ahora comprendés que ser yo no es ser la mujer de los mandatos recibidos. Ser yo es ser lo que somos y disfrutar de la verdad, cualquiera sea. Y hoy tu verdad, la mía, porque yo, tu otro yo, también forma parte de vos… de mí, hoy tu verdad es renacer. Hoy no necesito ser dos mujeres, en este taller literario estoy aprendiendo a describir la vida con las palabras que corresponden. Aquí aprendí que cuando una quiere decir “hacer el amor” tiene que decirlo con todas las letras y si quiere decir “cojer”, dice “cojer”. Aquí aprendí que la verdad es una, aunque sea muchas.

Y aprendí a decir que él es un hijo de puta y a saber que yo no me había convertido en una puta barata, en una mujer sometida, que ahora está aprendiendo a ser mujer.

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