Anahí Almasia – Mi mamá no es mi mamá

Anahí Almasia es psicoanalista y escritora. Escribe literatura juvenil  y está encarando una nueva novela.  Anahí trabaja duro y parejo, lo que se hace evidente en su escritura , que crece mes a mes.

Mi mamá no es mi mamá

……Mi mamá no es mi mamá. De alguna manera lo presentía desde hace tiempo pero recién ahora lo puedo asegurar. La sospecha no surgió porque ella tiene rulos y yo no, ni porque se detiene a oler todas las flores del camino cuando a mí poco me importan las plantas. Desconfío porque desde que llegaron los extraterrestres a nuestro planeta y comenzó esa ola de xenofobia, o como le dicen ahora alienifobia, toda nuestra vida cambió, la gente se puso nerviosa y hubo quienes cometieron algunas barbaridades.
……Por mi parte los marci siempre me cayeron bien y aunque no vienen de Marte, me gusta divertirme con ellos diciéndoles que son unos marcianos y ver cómo ríen a carcajadas y dejan que se les prendan las lucecitas de las antenas. Quizás por eso demoré tanto en darme cuenta.
……Hoy, durante el desayuno, observé a mi mamá preparar los panqueques, darlos vuelta en el aire con un gesto mecánico e impetuoso que tantas veces antes le había visto. Sólo que esta vez, cuando el panqueque aterrizó en el borde de la sartén y se deslizó con un gesto rápido hacia el piso, mamá me miró y sonrió, no insultó ni golpeó la mesada. Se inclinó a recoger el panqueque y lo lanzó en la pileta todavía sonriendo. Eso no es normal. Ni siquiera se alteró luego de que su segundo panqueque se pegara al medio debido a un mal movimiento al caer en la sartén. Me asusté.
……Mi única familia consiste en una tía solterona que habita al otro lado de la ciudad y como ella es hermana de papá nunca la visitamos. Nosotras vivimos solas desde que papá se fue. Por eso le conozco todos los gestos a mamá y esa sonrisa de la mañana me hizo entender que estaba viviendo con una extraña.
……Ignoro los motivos por los que papá se fue. Si intento recordar los días anteriores a su partida, lo escucho gritando que ella había enloquecido, que parecía una marciana, que ya nada tenía lógica. Y ella, que era un alienifóbico, que lo iba a denunciar al Ministerio de Relaciones Interplanetarias. Yo, escondida detrás de la puerta, arrodillada, aturdida por los gritos, por momentos me tapaba los oídos, queriendo y no queriendo saber. No sé cuánto tiempo habremos vivido de esa forma, pero un día, también en el desayuno, me di cuenta de que papá ya no estaba y no regresaría.
……Ni siquiera lloré. Yo también me hubiera ido de haber podido, pero no tenía alas como los marci ni la edad suficiente para huir. Sin embargo, después de que papá se fue, las cosas cambiaron mucho, ya no hubo gritos ni peleas y aunque mamá se comportaba de manera extraña, yo me sentía muy bien. La primera vez que me sorprendió su conducta fue el día en que rompí el jarrón heredado de la bisabuela. Ella sonrió, dijo que no me preocupara, que era algo viejo y yo, todavía temblando con el asa del jarrón en la mano, no pude decir nada. A partir de ese día hice pequeñas pruebas que me conducían a la misma sensación: mi mamá no era mi mamá. La delataban pequeñas muestras de cariño cuando yo, con mi curiosidad, rompía algún objeto, tiraba algo al piso o ensuciaba el mantel al servir la comida. Ni siquiera se enojó cuando traje un reprobado de la escuela. Al final abandoné la investigación, ya no hacían falta más comprobaciones, mi mamá había cambiado totalmente y eso, lejos de ser grave, me alegraba. Lamenté que papá se hubiera ido, pero era evidente que las cosas estaban mucho mejor que antes.
……Hasta hoy a la mañana en que, por alguna razón, la sonrisa del panqueque me reveló algo insospechado. De pronto me sentí definitivamente huérfana, sola, llena de dudas y nadie con quien hablar. Adquirieron sentido señales que había intentado ignorar: mi mamá llevándose a la boca un gusano encontrado al limpiar los choclos, bailando al son de la alarma del auto, jugando con los bloques de mi infancia, preparando un licuado de moras con algas de río. La soledad dejó paso a un miedo terrorífico. Lloré mi indefensión, mi angustia porque yo no sabía ser la hija de una marciana. Me pregunté si ese ser que habitaba en el cuerpo de mi mamá me querría.
……¿Qué habrá sucedido con mamá? Estará dormida allí dentro de su cuerpo o la habrán succionado para guardarla en esa computadora ovalada que mamá marci oculta en su ropero pensando que yo no la veo, que yo no sé que por las noches se comunica con alguien por horas, sin decir nada, sin escribir nada, tan solo sentada frente al óvalo y emitiendo algo que se debe parecer a la comunicación telepática de las películas antiguas. Ella también debe extrañar su mundo: somos dos soledades compartiendo un momento de la vida. Qué ricas que están las cucarachas fritas.

7 respuestas a «Anahí Almasia – Mi mamá no es mi mamá»

  1. hola anahi. tu cuento es espectacular.unque ami me gustaria otro titulo,yo le pondria Los marcianos en la vida.te quiere gabi.

  2. hola anahi.me gusto mucho tu cuento unque le canviaria el nombre al titulo por los marcianos en la vida te quiero mucho tia de gabi

  3. Anahí, tu relato capta muy bien ese momento en que nos preguntamos «¿qué si hubiera tenido otros padres?, ¿qué si me fuera a vivir a otra casa?», todas ficciones, hipótesis, que nos planteamos a una cierta edad y que tienen que ver con el sentimiento de individuación que nos lleva a experimentar tanto omnipotencia como soledad. Y mientras pasamos de un estado a otro, degustamos cucarachas fritas, que son tan ricas.

Responder a gabriela hilzerman alvarez Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *