Agustin Reed – Tictac

Agustin Reed es escritor y periodista,  autor de dos  inquietantes novelas: «El Gremio» (2006)  y  «El Desvio» (a publicarse en el 2011).  En su narrativa, una clara inclinación por la literatura erótica. Los debates con Reed acerca del caos, las nominales para contar para adelante, el tiempo, y otros, ocupan en mis talleres un lugar conspicuo, como las risas compartidas, y el champagne.

Tictacreed

……Entre el tic y el tac, justo ahí me desperté y me metí en el hueco. Olía a jazmín, menta, azafrán y cardamomo. Es un lugar cálido aunque sople el viento.  Desde ese lugar puedo ver a tic y a tac pasar, pero no  solo eso, supe que es el sitio que se tutea con el tiempo y el espacio, una y otra vez. Después sigue o empieza el día. Saco, corbata, camisa. Dos cafés y el tubo por el que me deslizo a la ciudad que emite señales 24 sobre 24.  Señales que son difíciles de descifrar desde la porción cotidiana de 8 a 18. El hábito ordena y confunde. Primera reunión del día: le parece si…
……El celular vibra en mi mano, una llamada de Inés que no atiendo. Miro al interlocutor. Tan temprano y hablando tanto, escapo miradas al entorno. Creo ver una figura desnuda tras la cortina, nuevamente Inés: atendé de una vez, escribe furiosa. Lo sé. La persona habla, apenas intuyo lo que cuenta. Esgrima comercial. En unos minutos debo interrumpirlo con una solución brillante para sus problemas de comunicación.  Una solución teatralizada, obvio.  Nada gratis, nada simple.
……Ahora el mensaje en el celular es de Octavio: sacame del hospital de una vez, me dejaste a mitad de capítulo, sin siquiera una enfermera que me mime. Termino el encuentro, son las diez y en la calle hay otro piquete. En el brillante celular tecno que poseo se repiten los mensajes y preguntas. Por otro lado llegan los reclamos de Inés, Octavio, Florencia, Harris, Micaela, Astrid, Morales, Clotilde. Todos molestos, disconformes, ansiosos. Pero esto es así. Paso a paso,  el embotellamiento,  revisar la agenda. Otra reunión. Una oficina agradable, moderna, informal, muy wi fi, vidrio y luz, té verde, adaptación de paz y amor. Buenísimo todo, resume entre sorbos, mandaste justo lo que necesitábamos. Internamente pienso que es una frase fuerte y abarcativa,  enviar lo que alguien necesita, ¡qué don! . Vuelvo a oír el coro: Inés, Octavio, Florencia, Harris, Micaela, Astrid, Morales, Clotilde, un abogado y más allá, Juan. Quedamos así, le digo a modo de cierre. Obvio, olvidate, me contesta. ¿Mail?. Mail. Mensajito, twit corto, lo que salga. Mucha virtualidad, poca presencia; eso es lo que yo digo, retoma Octavio molesto en otro mensaje, me ibas a corregir y què, sigo ahí en el mismo renglón. Aparecé de una vez, estamos todos en la plaza esperándote. Lo sé.  Pero la agenda marca ir al estudio a buscar novedades.
……Llego al escritorio, dejo el bolso y las carpetas e imprimo otros informes. Agenda: almuerzo en el centro. 30 cuadras para atrás, piso 25, la ciudad, el puerto. Sonrisas. Todo sonrisas. Señor esto, señor aquello. Sonrisas. Copita de champagne y agua mineral. Mesa en un rincón vidriado. Voy al baño a lavarme las manos. Las luces se encienden cuando entro. La canilla funciona automáticamente. Una mano por detrás, apoyada en mi hombro. Me sorprendo. Me empuja contra la pared. Esta vez es Joaquín. En qué andas, te acordás de mi. De las otras puertas del baño salen Irina, Nadia, Mirta y Teobaldo. Me arrinconan furiosos. Nos dejaste en bolas, dicen desnudos, literalmente, hace meses ya. Los espanto con fuerza y salgo. Me esperan en la mesa. Temas candentes, ¿qué hacer con esto u aquello?, señor. Una moza, ¿Inés?, trae el pan. Un mozo, ¿Octavio?, deja las bebidas. A lo lejos, en la cocina expuesta, veo a un cocinero ¿Joaquín?. En la mesa próxima ríen desnudas Irina, Nadia y Mirta. En la otra debaten Morales, Harris y un abogado. Florencia come sola, a lo lejos, evocando a Juan en una copa de vino blanco. ¿Cómo ve el asunto?. A 25 pisos de altura todo se ve simple. No es la planta baja de Corrientes y Alem ni la impronta empedrada de Balcarce y Belgrano. Entonces el asunto se ve con livianas ensaladas, agua mineral, tempura y la mirada de la moza Inés en la nuca. Una sonrisa del cocinero-Joaquín al acomodar la comanda. Un leve silencio en la mesa, algo tengo que decir. Comunicación, consejo, observación, un modo de ganar tiempo.¿Cómo lo ves? Ese mozo Octavio sirve mi copa hasta rebalsarla.  O tal vez soy yo, que la vuelco torpemente. No se que dije en este piso de sonrisas, pero siguen sonriendo. Si vos te ocupas estamos de acuerdo afirman en el brindis. Me ocupe de algo, una cosa más, como fue, por qué lo dije, cuándo.
……Café. Ristretto. El río y la ciudad en perspectiva. Bajo  por una caja  comunicativa, instructiva: piso 20, piso 15, gracias por viajar en nuestros ascensores. Voy al estacionamiento a buscar al auto. Trabo las puertas y del asiento sale Nadia y me abraza. ¿Qué pasa Papi?, ¿qué pasa con esa escenita que me prometiste?. ¿Y la mía, y la mía?, preguntan Irina y Mirta. No llego a contestarles cuando Inés y Florencia, amablemente preguntan: ¿quiénes son estas putitas?. Me asusta un golpe en el vidrio del auto; te encerraste con las minitas y te olvidaste de nosotros, gritan furiosos Octavio, Joaquín y Teobaldo. En qué andas, preguntan todos. Arranco. Acelero. Paso a la tarde. La reunión que viene, en las que se puede hablar aunque no sepa que decirse. En las que uno puede confesarse aunque no sepa si debe. En las que se camina por la posibilidad de corazón abierto, aunque no sepa si ejercerlo.
……Al menos un instante donde los mensajes no aparecen y los personajes inconclusos no me reclaman.  Un café, dos. Ella habla. Sonrío, sonríe.  ¿Queres hablar de ellos? El celular otra vez. Hay que reescribir, un cliente tiene dudas en una propuesta. El tiempo es corto, comprimido. Además hay un pendiente o mil para el taller.  La agenda recuerda reuniones con sus alarmas pautadas:¿Te quedas al coktail?. La ambigüedad de los fondos, tantos recursos para momentos instantáneos.  Un clima de canapés y chicas con aspiraciones. Pero las cinco de la tarde me tienen atado. En breve el taller y los escritos. Corro al auto pero no me dejan subir. Octavio está al volante. Inés, Octavio, Florencia, Harris, Micaela, Astrid, Morales, Clotilde, Gomez Vivant , Juan. Joaquín, Nadia, Irina, Mirta y Teobaldo. Me miran encerrados en el auto. Te vas a pata, dictaminan; acabá de una vez, reclaman. Desde que pensás en esas guachitas no tenés tiempo para nosotras, se quejan Flor e Inés. Y yo me la paso afiebrado y encerrado en este pueblo, retruca Octavio. ¿Qué pasa, quienes son esos?, preguntan Joaquín y Teobaldo. Octavio toma la palabra, somos los personajes de antes. Tenés otros personajes pregunta incrédula  Irina. No solo otros, reafirma Octavio, a mi me tocó estar en dos novelas y te cuento que a los otros los presentó en sociedad. Los puso en boca de todos, no como a nosotros. ¿Por qué? te damos vergüenza, apuró Inés. ¿Qué tienen ellos? El auto es un revuelo. Trancan las puertas. No subís, te vas. Miro el reloj apenas unas horas hasta del taller literario. Desterrado, camino hasta un bar. Garabateo en la modernidad. Saco la compu en silencio, si los personajes lo advierten no voy a poder escribir las otras cosas, las otras propuestas. Una palabra, cinco, la oración, la frase.  Mails en el celular. Pedidos. Porfi esto, porfi aquello. Señor, es una moza que pregunta que voy a tomar. Licuado le contesto. Bebo y escribo. Termino algo antes que las demandas y reclamos ataquen desde el disco  duro. Corro a imprimir y fotocopiar. Zigzageo entre los tics y los tacs, demorando los minutos. Portero eléctrico, puerta, pasillo. Sonrisas comentarios. La tranquilidad viene luego. Una copa espera llenarse. El sol proyecta aciertos, sombras, temores y promesas. Hoy no hablamos del kaos y por el jardín llega, a veces,  un aroma a jazmín, menta, azafrán y cardamomo. Un instante en el que tic y tac laten.

2 respuestas a «Agustin Reed – Tictac»

  1. Están vivos esos personajes? Abandonaron tus novelas y se pasean por la vida invadiéndolo todo. Ninguna imagen más cercana a la vida del escritor cuando está metido en la construcción de sus personajes, los entiendo, quieren vivir.

  2. Sin lugar a dudas, ese lugar entre el tic y el tac es como el equilibrio entre el ying y el yang. El narrador de tu cuento adolece de lo que Wilde llama modernismo de la forma y del tema: a fuerza de ocuparse de la vida para copiarla, el arte termina invadido por ella. No olvidar NUNCA lo que le pasó a Dorian Gray. Agustín, me encantó el cuento, tiene un ritmo vertiginoso, y estos personajes son verdaderamente amenazadores.

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