Cuaderno de la Biblioteca Nacional (Argentina). Entrevista por Nora Viater

Por 16 octubre, 2018Doble Fondo, Prensa

Ver en la web

Una mujer, Marie, aparece muerta y drogada con pentotal en el río de un pequeño pueblo de Francia. Es el año 2004. Otra mujer, Juana Alurralde, es secuestrada junto a su hijo de 3 años y llevada a la Escuela de Mecánica de la ESMA, desde donde la vuelven a desaparecer para realizar trabajo esclavo en el Centro Piloto de París. Son los años setenta, en plena dictadura militar. Doble Fondo es la última novela publicada de la escritora Elsa Osorio, autora, entre muchos otros titulos, de A 20 años luz, La Capitana y Mika. Sobre el pasado reciente y el ejercicio de la memoria como una postura no solo ideológica sino también estética, dialogó con Cuaderno de la BN. Doble Fondo se define tanto por su polifonía, que incluye entre otras las voces de una periodista y la de un hijo que cuestiona las decisiones de su madre, como por la investigación y los testimonios de víctimas en los que se basó Osorio para escribir este “policial histórico”, como ella lo define. Por estos días, dicta un taller de cuento en la Biblioteca Nacional.

¿Qué pasó entre A 20 años luz, una novela en la que una jóven embarazada comienza a dudar de su origen y busca restituir su propia identidad, y Doble fondo?

Hasta A 20 años luz yo nunca había tomado una temática que tuviera que ver con nuestra historia reciente. Esa novela fue como quitarle el velo a algo, más allá de que es un libro sobre la apropiación de chicos durante la dictadura que salió bastante fuera de tiempo y de órbita. A finales de los años noventa nadie había escrito sobre esto ni había sucedido en la realidad, aunque coincidió con la primera joven que se encontró a sí misma en España.No tuvo mucho reconocimiento en la Argentina en ese momento; pero sí fue traducida a muchos idiomas. Con Doble fondo la obsesión partió de un lugar que yo sabía que había existido, el Centro Piloto de París. Alguien me había contado, una persona un poco fantasiosa, que Astiz había estado en su casa. Yo había empezado a preguntar y a investigar porque colaboraba y estaba muy ligada a los juicios que en ese momento llevaba adelante el juez Garzón. Y también seguí muy de cerca las declaraciones de las víctimas ante el juez. Cuando empecé a escribir la novela, Juana cobró más importancia para mí: es algo que pasa o se decide escribiendo. Hay un tema que me interesa aclarar especialmente  y  es  que  mi  personajees una mezcla de varias historias, más los testimonios que leí. Me interesa componer, como en el personaje del Rulo: una suerte de Frankenstein de represores que menciono, como Jorge Radice, el Tigre Acosta y Alfredo Astiz. No es ninguno de ellos, pero es el Rulo, un personaje de la ficción y, al mismo tiempo, un tipo de los grupos de tareas de la Esma, el GT32. Y, especialmente, en la realidad, quien puede saber qué pasó entre una prisionera de un campo de concentración y un represor, esa intimidad. Yo entiendo que el personaje de Juana es muy contradictorio, pero también es un personaje en medio de un huracán. Y es una víctima, sin ninguna duda.

¿Cambió tu mirada sobre esos años?

No, porque nunca se me hubiera ocurrido juzgar a alguien que bajo tortura, o en el caso de mi protagonista, a la que secuestran con el hijo, no se la pueda ver como libre o con capacidad para decidir algo. Es una novela que quise escribir, un deseo que vino como del deber. ¿Cómo tomás las decisiones estéticas e ideológicas? La polifonía, la utilización de muchos narradores, es una decisión que me interesa mucho, no por algo admiro profundamente Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa. En A 20 años luz, creo que fue una ingenuidad de mi parte componer muchos narradores para que el lector no supiera qué pienso; hoy me parece completamente naíf. Esto es para decir que me gusta ver la historia desde distintas ópticas, una característica de estilo que en Doble fondo es bastante importante porque, ¿cómo contar esos años? En A 20 años luz todos los personajes, menos la madre de la chica apropiada, tienen voz. Yo sentía que no podía ponerle voz a una desaparecida, tenía que rodearla de narradores. La ausencia de ese narrador marca la fi a de el/la desaparecido/a. Y también por una cuestión de pudor. Ya en Doble fondo, intenté contar la ESMA porque tengo mucha más información y lo que más me impresiona, además de la crueldad, es la locura. Esta postura mía de escribir con muchos narradores para que no se “vea” la ideología no es azarosa, porque uno siempre dice más de lo que quiere, no menos. Ideológicamente no es posible no estar, no existe lo neutro en la literatura. Sí me interesa ampliar el abanico para que el lector opine o piense sobre aquello que lee. Por eso te decía que cuando yo no le di voz a la desaparecida de A 20 años luz es por una razón de pudor y estética también. Porque si yo hacía de esta mujer una narradora más, la novela se me iba al odio. Y no era la idea. Ahora ya se puede ir a los matices. Lo central es que todos/as fueron víctimas.

¿Por qué tus personajes son casi siempre mujeres?

En parte porque las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo fueron la única resistencia; más que una postura feminista es de fidelidad histórica. En esta novela, concretamente, la protagonista que está prisionera en la ESMA está muy determinada por la maternidad. Y luego porque la violación aparecía como una instancia más de la tortura, pero no es así: la violación es un crimen en sí mismo. El amor es entre seres libres en un mundo libre. No quería hacerlo, pero sucumbí en tres oportunidades a meterme en el punto de vista del Rulo, como esa locura del enamoramiento. Yo quería un personaje que estuviera realmente enamorado, pero que tuviera una ideología repugnante como la de él. Me resulta más sencillo meterme en una mujer, es algo más orgánico. El destino de ella era ese; después me di cuenta de que perfectamente podía encuadrarse en la figura de un feminicidio.

Hiciste varias residencias de escritura

Vivo en la Argentina desde hace 11 años, pero en los últimos tiempos viajé mucho; es como si para trabajar estos temas necesitara estar en otro lugar. Hice distintas residencias de autores, como la de Saint-Nazaire, un lugar fantástico porque salía a la calle y no me cruzaba con nadie. Eso fue en 2015, un año de mucha investigación. Si fuera por mí sería una autora en residencia, es el estado ideal, porque te coloca entre paréntesis y lo único que hay que hacer es escribir.

¿Qué preferís leer, narrativa, ensayos…?

Leo mucho ensayo ahora, antes más narrativa. Además coordino talleres, por lo que releo mucho. Como a Carlos Fuentes: los cuentos de él los leí infinitas veces. Es inagotable. También me influyeron mucho.

Dejar un Comentario