Temblar. Samanta Soraire

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Samanta Soraire es argentina, escribe hace tiempo, pero en el 2017 se lo tomó muy en serio y trabajó . Cuento a cuento se fue revelando una narradora sutil y con garra. Una promesa. Samanta forma parte del taller intensivo 2017, uno de los más ricos que tuve la fortuna de coordinar. “Temblar” surgió de un juego de taller. La historia la contó el mayor del grupo, y la tomó para escribirla la más joven. Así son, así se entienden.

 

Temblar 

Me puse las medias azules porque son las únicas que tengo sin estrenar, para ella este tema se volvió tan importante que creo que es mi aporte a este ritual que estamos a punto de ejecutar. Me saco una zapatilla y veo como los dedos del pie derecho se mueven como una momia que vuelve a la vida, Andrea canturrea una canción que canta siempre que está distraída, le va cambiando la letra como mejor le va pareciendo y, si bien siempre la embromo por su atrevimiento de modificar los versos hasta de las canciones más clásicas, al final me terminan pareciendo que sus letras son más hermosas que las originales. No es que ande embobado atrás de ella como los muchachos de la barra de amigos me cargan, mis observaciones son objetivas, ella tiene una manera de hacer las cosas tan de ella, que a veces parecería que anduvo meditando la forma más complicada de encarar cualquier cuestión, cuando todo puede ser tan sencillo y llega ella, que es tormenta y huracán y te deja patas para arriba.  Leer Más

IDÉNTICAS. Alejandra Lázzaro

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Alejandra Lázzaro es profesora de inglés. En un tiempo su pasión fue el tango, ahora son los cuentos.  Ale sigue semana a semana dando pasos en  el taller de técnicas on line, un grupo cálido y trabajador, que ha logrado tejer una sólida red de palabras y afectos. Hoy compartimos “Idénticas” y le damos la bienvenida a Alejandra Lazzaro a nuestra antología.

Idénticas

 

¿Que cómo fue que terminamos separadas? La historia es larga, pero como lo que nos sobra acá es tiempo, y ya llevo diez años cumplidos de mi condena perpetua, no tengo problema en revelar la verdad y menos a ustedes que son casi como mis hermanas.

Todo comenzó en el vientre de nuestra madre.  Sí, así como lo digo: en el vientre de ella; porque si la naturaleza hubiera dispuesto la gestación de otra manera, creo que la situación sería totalmente diferente.

¿Ustedes conocen la diferencia entre gemelos y mellizos? Los gemelos son los hermanos del mismo sexo que fueron fecundados de un mismo óvulo por el mismo espermatozoide; en cambio, los hermanos mellizos son gestados de un óvulo y un espermatozoide diferente. Bueno, nosotras éramos gemelas, y si bien no todos los gemelos son totalmente idénticos, nosotras sí lo éramos. Con decirles que hasta nuestros padres nos confundían y tuvieron que idear varias estrategias para identificarnos, pero casi ninguna funcionó, bah, ninguna, porque nosotras siempre nos las ingeniábamos para desorientarlos. Sus métodos duraban muy poco tiempo. Recuerdo que una de las primeras estrategias fue ponernos en la muñeca una cinta de diferente color a cada una para reconocer quién era quien. Imagínense lo que duró eso, nada. Porque, apenas aprendimos a deshacer y hacer nudos, nos cambiábamos la cinta según nuestra conveniencia – cinco años creo que teníamos. Pasaban días, semanas, y, a veces, meses, hasta que nuestros padres se daban cuenta que los estábamos engañando.

Imagínense en la escuela. Nos colocaron en diferentes divisiones pero eso no impidió que nos cambiáramos de aula e hiciéramos alguna travesura. En el secundario, las travesuras se convirtieron en inconductas que nunca pudieron sancionar porque las planeábamos de tal modo que nadie pudiera afirmar con certeza quién había cometido una falta determinada. Sí, sí, obvio: las evaluaciones eran un chiste para nosotras, una estudiaba las asignaturas relacionadas con las ciencias sociales y humanidades y la otra las ciencias exactas y naturales. En eso sí que éramos diferentes. Mi hermana tenía la cabeza más preparada para las fórmulas y los cálculos, todo tenía que comprobarse de manera empírica; yo, en cambio, tendía a los trabajos comunitarios, me interesaban las temáticas sociales y los problemas de la gente. Quizás por eso pasó lo que pasó… en fin, sigo con la historia.

Una vez que terminamos el secundario, las dos nos fuimos a estudiar a Buenos Aires. Vivíamos en un pueblo muy chico y ambas estábamos deseosas de aventuras nuevas; además, ya sabemos: pueblo chico, infierno grande. Mi hermana estudió la carrera de bioquímica y yo sociología. Como íbamos a facultades diferentes, nos pusimos de acuerdo para no decirle a nadie que teníamos una hermana gemela. Uno nunca sabe cuándo va a necesitar un doble.

Pasamos unos años estupendos, nos divertimos haciendo de la otra como nunca. Hasta con nuestros novios jugábamos a intercambiarnos y ser la otra. Pero toda la diversión terminó cuando cursábamos segundo año. Ese año fue una bisagra en nuestras vidas. Estábamos almorzando en el departamento que alquilábamos en Palermo cuando vimos que dejaban un papel por debajo de la puerta. Mi hermana se levantó de la mesa para ver recoger lo que creíamos era la boleta de la luz o el gas. Al tomar el papel, ella se quedó absorta en la lectura, empalideció y se tapó la boca. Yo fui rápidamente a su lado y tomé el papel mientras ella se dejó caer en el piso llorando desconsoladamente. Lo que recibimos ese día fue un telegrama donde se nos comunicaba que nuestros padres habían sido asesinados.

Después de haberles desvalijado la despensa que tenían y la casa, a nuestros padres les pegaron dos tiros a quemarropa. El despiadado asesinato que nunca fue esclarecido por la justicia no sólo se llevó las vidas de nuestros padres sino la nuestra también.

La despensa, de la cual sólo quedaron las estanterías, nos había permitido vivir cómodamente todos esos años. Luego de la tragedia familiar, teníamos dos opciones: volver a la casa del pueblo y comenzar de a poco con el negocio, o vender todo y seguir nuestra vida en Buenos Aires. Decidimos optar por la segunda.

No se nos hizo fácil sostener el nivel de vida que habíamos llevado hasta ese momento. Un año después del brutal asesinato, con nuestros corazones endurecidos y enfurecidos y nuestros recursos escasos, tuvimos que idear cómo hacer para mantenernos en una ciudad que nos consumía. Fue entonces que mi hermana, con su mentalidad más práctica que la mía, propuso que el mejor modo era que una de nosotras se casara con algún adinerado.

Mi hermana tenía un compañero de San Isidro cuyos padres vivían de rentas y decidió que esa era la mejor opción. Esos imbéciles siempre buscan pendejas carilindas y con buena figura y nosotras teníamos todo eso y lo sabíamos usar para nuestro beneficio. No le fue muy difícil conquistar al rugbier de San Isidro – mi hermana le sugirió que estudiaran juntos una materia y entre libros, mates y recreos, no faltaron los besos. Después de unos pocos meses, mi hermana se quedó embarazada y decidieron casarse. El rugbier no sabía de mi existencia y su familia se tragó el cuento de que mi hermana era huérfana desde los tres años y que la había criado una tía solterona quien había fallecido hacía un par de años y que no tenía ningún otro pariente.

Con el dinero de mi cuñado, las dos pudimos seguir estudiando y volver a tener una vida similar a la que llevábamos, pero la vida de mi hermana con su marido se había convertido en un infierno: insultos, engaños, ausencias prolongadas con la excusa de “son por negocios de la familia”, miradas desdeñosas por parte de la familia de él. Todo eso era lo que mi hermana  tenía que soportar a diario. No lo toleraba más. La relación empeoró cuando ella perdió al bebé al octavo mes. Ella quería separarse pero ambas necesitábamos de ese matrimonio.  Y ahí fue cuando yo entré en acción.

Decidimos que lo mejor era seguir con esa farsa pero, yo no podía ver sufrir así a mi hermana, y si las dos nos beneficiábamos de su dinero, entonces las dos tendríamos que compartir ese infierno. Fue entonces que decidimos turnarnos para estar con él. Martín no notaba nada diferente; o era estúpido o realmente nosotras éramos idénticas hasta en la cama. Ambas llevábamos una vida miserable, pero no estábamos dispuestas a quedar en la calle.

Después de los exámenes finales, estábamos en el departamento tomando unos mates y viendo la tele cuando escuchamos en las noticias:

– Martín Giordano, el hijo del empresario Carlo Giordano, fue encontrado muerto en su domicilio. Se desconoce, hasta el momento, si fue homicidio o suicidio –  las dos hipótesis se están investigando.

Nosotras nos miramos y nos abrazamos celebrando la noticia. Nuestra vida tortuosa se terminaba ahí. Seríamos libres nuevamente y podríamos disfrutar de la fortuna de mi hermana viuda.

Pasó un año desde ese momento del que nunca volvimos a hablar, hasta que un día la policía tocó la puerta del departamento. Yo estaba sola y me arrestaron. No pude decir que yo no era a quien buscaban porque sentía que nuestro lazo de hermandad seguía tan fuerte como en el vientre de nuestra madre. Que qué pasó con ella. Hasta el día de hoy, ni yo lo sé.

 

 

 

 

Inicio Talleres de Narrativa

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Esta abierta la inscripción a los talleres de narrativa que estaré dando en las modalidades presencial y a distancia. Los mismos están dirigidos a personas con distintas experiencias.

Si te interesa participar de los talleres, puedes ponerte en contacto conmigo para una entrevista.

INFORMES

tallereselsaosorio@gmail.com / www.elsaosorio.com

Fernanda Cava. Diario para un cuento

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Con enorme placer trabajamos “Diario para un cuento” donde Cortázar, generosamente, deja un legado a los escritores. Compartimos este cuento-homenaje de Fernanda Cava.

¿Se puede conmover y hacer reír al mismo tiempo? Fer lo hace.

 

Diario para un Diario para un cuento de Cortázar

Cortázar miente. Yo lo sé, pero elijo hacer como si le creyera. Miente cuando dice que la foto de Anabel cayó como desde el cielo, mientras buscaba un libro en las estanterías. Él fue y revolvió una caja de fotos hasta encontrarla. Yo lo sé    Sigue leyendo aquí

 

Libro de honor en Bologna

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Bologna, Elsa Osorio in municipio

(Sesto Potere) – Bologna – 19 settembre 2016 – Lunedì 19 settembre, alle ore 12, la scrittrice argentina Elsa Osorio sarà ricevuta in sala Rossa a Palazzo d’Accursio dall’assessore alla Cultura del Comune di Bologna, Bruna Gambarelli, dalla presidente del Consiglio comunale, Luisa Guidone e dalla consigliera Federica Mazzoni. La scrittrice firmerà il libro d’onore.