Grandes Libros (Infobae) por Patricio Zunini

Comparto la entrevista que me hizo Patricio Zunini, un lúcido lector, lo digo por lo que escribe pero por sobre todo por lo que «percibe» leyendo.

Elsa Osorio vuelve a escribir sobre la memoria y los 70 con una ficción policial provocadora

La autora de A 20 años, Luz plantea en Doble fondo (Tusquets), una indagación acerca de las relaciones que pudieron darse en el seno de los centros clandestinos y las acciones de la dictadura en el Centro Piloto París.


Elsa Osorio (Alejandra López)


La escritora Elsa Osorio sufre en carne propia la clásica situación de no ser profeta en su tierra. Tremendamente exitosa en el exterior —sus libros se han traducido a más de 20 idiomas; el Ministerio de Cultura de Francia le ha otorgado la orden de los Caballeros de las Artes y las Letras— en Argentina, sin embargo, no tiene el reconocimiento que se merece. Tal vez porque se ocupa de temas que a veces es mejor no ver.

Autora de A veinte años, Luz —la primera novela que aborda la búsqueda de los nietos apropiados que persiguen su origen—, La capitana, y Mika, entre otros títulos, acaba de publicar Doble fondo (Tusquets), una novela con rasgos policiales o de pesquisa periodística.

Doble fondo sigue los pasos de una militante montonera, que fue secuestrada durante la dictadura y primero fue llevada a la Esma para luego, desde allí, siendo ya la protegida —¿amante?— de un marino, ser enviada a Europa donde realizaría trabajo esclavo en el Centro Piloto París. Muchos años después, la muerte de una mujer en un pueblito de Francia a la que tiraron a un río drogada con pentotal —como en los vuelos de la muerte— vuelve a abrir interrogantes sobre aquella militante: ¿qué fue de su vida?, ¿qué hizo para sobrevivir y salvar a su hijo?, ¿traicionó a los suyos?, ¿es ella la ahogada?

Elsa Osorio es una activa luchadora por los derechos humanos y desde ese lugar propone un debate incómodo. La gran pregunta de Doble fondo es cómo actuar frente a los dilemas éticos de la tragedia.

Osorio habló con Grandes Libros de su nueva novela:

¿La década del 70 sigue siendo rica narrativamente?

—Uno escribe lo que necesita escribir. Hoy, a la muerte en la novela le diríamos femicidio. Está la delicada cuestión de una mujer prisionera que mantiene una relación con un marino, pero él no le gusta ni tiene el síndrome de Estocolmo. Pienso que esta novela puede ser muy cuestionada, porque ella, en algún punto, cuestiona todo. Yo no pretendo dar ninguna lectura ideológica. Es muy difícil de entender, por eso es mejor narrar.

Lo que entiendo de tu respuesta es que ahora podés permitirte mirar los claroscuros de los militantes.

—Claro, porque con los años yo también pienso cosas diferentes, aunque no en lo esencial, por supuesto.


Doble fondo, la nueva novela de Elsa Osorio

En aquellos años, ¿dónde militabas?

—No te lo quiero decir. Pero no era montonera. Por eso a mi personaje la hago de las FAR, para que estuvieran las ironías de la montonera «oficial» que le marca «esa culpa por no haber sido peronista desde chiquitita». Eso pasaba en los 70. Yo militaba en el sindicalismo, pero me abrí antes de que empezara la dictadura porque no estaba de acuerdo con lo que estaba pasando. Lo que sí tengo muy claro es que zafé, pero podría no haber zafado. Para mí, todos ellos fueron víctimas.


¿Hay un lavado de la lucha armada hoy en día? En A quien corresponda, Caparrós le hace decir a un personaje: «Se acuerdan de cuando matamos gente»?

—En la novela yo pongo lo que piensa el personaje. Pongo que creía en la lucha armada hasta el 73, pero no durante un gobierno democrático. Sin embargo, como oficial montonera iba a hacer lo que le dijeran. Si me pedís mi opinión, yo nunca estuve con la lucha armada, pero eso no significa que no me parezca una absoluta brutalidad la manera de combatirla.

¿Por qué desde 1983, los ex detenidos-desaparecidos no siguieron por la vía de la lucha armada?

—Sin los ex detenidos-desaparecidos no se podrían haber hecho los juicios. En ese tiempo vivía yo en España y formé parte de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid. El trabajo de los ex detenidos fue muy importante, porque con su colaboración se pudo reconstruir cada campo clandestino. Lo que pasa es que también son muy particulares porque incluso dentro de los propios organismos hay gente que dice «Ellos sobrevivieron». Es muy duro.

¿La culpa del sobreviviente?

—Yo no estuve en ningún campo y también la tengo.

¿Cómo evaluás la situación de los derechos humanos actualmente?

—Estoy muy preocupada. Por un lado, estoy tranquila por la reacción masiva de la gente oponiéndose al 2 x 1. Pero también escucho cosas espantosas. Me parece horroroso que se discuta el número. ¿Qué estamos haciendo, una rebajita? 30.000 es un cálculo. Personalmente estoy orgullosa de las luchas de las Madres y las Abuelas. Algunas personas no me gustan nada; prefiero decir hasta ahí. Pero su lucha me parece admirable. Otra cosa de un empobrecimiento absoluto es la posición que plantea elegir entre Julio López y Santiago Maldonado. A mí me interesan Julio López, Maldonado y los que desaparecieron.

¿Néstor Kirchner y Cristina Kirchner tienen responsabilidad en la manera en que se dividió la opinión pública frente a los derechos humanos?

—Lo que me importa es que se haga. Yo hubiera preferido que los organismos tuvieran una mayor independencia frente a cualquier poder político. Pero también entiendo que es una gestión gubernamental la que llevó a los juicios y a que toda la sociedad respire de otra manera. Los juicios no son ni K ni no-K. Espero que la política de derechos humanos actual siga cumpliendo con estos juicios y que se terminen, porque va a ser bueno para todos: para nosotros, para nuestros hijos, para nuestros nietos.

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L’Argine (Italia)|Elsa Osorio: “Doppio fondo”, un’altra storia argentina|Franco Bianco

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Elsa Osorio: “Doppio fondo”, un’altra storia argentina

Il 24 Marzo 1976 il sole si oscurò in Argentina: cominciò la lunga notte, buia e spaventosa, della dittatura militare capeggiata dal generale dell’Esercito Videla, che durò sette interminabili sanguinosi anni durante i quali furono commessi dalla Giunta al potere crimini indicibili. Una violenza bestiale ed omicida si scatenò contro gli oppositori, veri o presunti, del regime: fu perciò chiamata la “guerra sporca” (e la definizione è perfino troppo blanda). A migliaia i dissidenti venivano “prelevati” – per strada, nelle case, perfino da locali pubblici -, imprigionati, sottoposti a torture inumane. Alcuni centri di tortura sono rimasti tristemente famosi: uno era l’ESMA (la scuola militare della Marina, Escuela de Mecanica de la Armada, che dipendeva direttamente da uno degli autori del golpe, il comandante della Marina ammiraglio Massera), il più grande centro di detenzione illegale e di tortura; un altro era il famigerato Garage Olimpo – fu anche il titolo di un film presentato a Cannes, del 1999 -, uno dei più terribili (in tutta l’Argentina vi furono più di trecento prigioni segrete); di molti dei sequestrati non si seppe più niente, sparirono (i “desaparecidos“) senza lasciare traccia ed i loro corpi non furono più ritrovati; si è saputo, poi, che molti di quelli che non morirono sotto le torture furono vittime dei “voli della morte“: venivano presi dalle celle, di solito la notte del mercoledi, dicendo loro che si trattava di un “trasferimento” (“traslado“), imbarcati su aerei, leggermente anestetizzati (non sempre) e poi fatti cadere dall’alto in mare o in fiumi, dove morivano per i danni riportati nell’impatto con l’acqua o comunque per annegamento.

Perciò, a partire dal 30 Aprile 1977, ogni giovedi le madri delle persone sparite, che si erano riunite in Associazione, andavano a dimostrare in Piazza de Mayo, davanti alla Casa Rosada (il palazzo presidenziale), con un fazzoletto bianco (o con un pannolino di tela, quello utilizzato per i loro figli neonati) annodato sulla testa come simbolo di protesta, ruotando in silenzio intorno all’obelisco al centro della piazza: erano le Madres de Plaza de Mayo, che divennero famose in tutto il mondo (anche la loro fondatrice, Azucena Villaflor, nel dicembre 1977 fu rapita e fatta volare da un aereo nel Rìo de la Plata). Ad esse si aggiunsero le nonne (“abuelas“, in spagnolo. La fondatrice del loro movimento fu Estela Carlotto, un’insegnante argentina che aveva sposato un italiano là emigrato), che manifestavano per i bambini, quasi sempre neonati (“los nietos desaparecidos“, i nipoti scomparsi), che erano stati sottratti alle loro madri in carcere (spesso da quand’erano ancora incinte: la dittatura aveva apposta disposto che le donne gravide fossero – momentaneamente – risparmiate) prima che venissero uccise, ed in molti casi furono allevati sotto falsa identità – o con adozioni simulate, o falsificando l’atto di nascita – dalle famiglie degli stessi torturatori, come fossero un “bottino di guerra” del quale appropriarsi. Sparirono, perciò, i prigionieri politici (uomini e donne) ed i bambini sottratti alle madri detenute, ed in Plaza de Mayole madri degli uni e delle altre (le detenute madri) denunciavano al mondo intero quell’oscenità e reclamavano di conoscere la sorte dei loro figli ed ottenere almeno la restituzione dei loro corpi o delle loro ossa (“per avere qualcosa su cui piangere”), e di sapere che fine avessero fatto i loro nipoti (le nonne ne hanno poi scoperto, negli anni, molte decine, grazie anche alla creazione di una “banca dati del DNA” che permette l’identificazione biologica dei ragazzi o giovani “sospetti” di essere stati rubati alla madre naturale). Donne straordinarie, madres e abuelas, con un coraggio incredibile che le portò a sfidare i militari gridando “Fuoco!“, quando quelli puntarono i fucili su di loro per farle andar via: uccideteci, non andremo via. Non se ne andarono. Alla fine della dittatura è stato calcolato in oltre 30.000 (!) il numero di “desaparecidos“, ai quali vanno aggiunti almeno altri 15.000 che furono costretti a scegliere la via dell’esilio (anche ragazzi fra i 15 ed i 20 anni) riparando all’estero – nella massima parte dei casi non si sa dove siano andati, poiché hanno celato la loro identità per non essere individuati e raggiunti dai sicari del regime – per sfuggire a quei bestiali aguzzini. Crimini contro l’umanità, al pari di altri della Storia, che non possono e non devono conoscere perdono né oblìo: come è stato detto, “quel passato non può passare“, affinché non possa mai più – nunca mas! – ritornare.

Ormai di questi orrendi fenomeni della nostra storia recente – in Sudamerica la dittatura argentina, che terminò nel 1983, fu preceduta (dal 1973) da quella cilena del generale Augusto Pinochet, che durò ancora cinque anni dopo la caduta dell’altra (fino al 1988, quando un referendum non rinnovò il mandato presidenziale al dittatore, e furono indette nuove elezioni per il 1989) – c’è una vastissima (ma mai sufficiente) letteratura, di tipo sia storico-saggistico sia narrativo. E’ anche interessante la consultazione di un sito in italiano, www.24marzo.it (il richiamo alla data del golpe argentino è esplicito), creato apposta per diffondere informazioni e pubblicazioni relative a fatti e personaggi di quell’orrenda dittatura. Per i testi di tipo storico-saggistico, desidero segnalarne due (dai quali derivano molti dei dati qui riportati), forse ancora rinvenibili, del valoroso giornalista Italo Moretti, che in America del Sud ha trascorso molti degli anni della sua vita professionale: il primo, del 2000, intitolato appunto “In Sudamerica” (ed. Sperling & Kupfer), diviso in due parti, una dedicata alla dittatura cilena e l’altra a quella argentina, con un’attenta ricostruzione del contesto socio-politico che le aveva precedute e di come esse nacquero, si manifestarono e finirono; l’altro, del 2006, intitolato “L’Argentina non vuole più piangere” (stesso editore), che esamina gli anni, come recita il sottotitolo, “Da Peròn a Kirchner” (cioè dal 1943 al 2006), evidentemente dedicato alla sola ArgentinaMoretti è un saggista estremamente preciso e documentato, che espone con compiutezza ed asciutta eleganza formale gli argomenti di cui tratta.

Credo, poi, che meriti di essere segnalato, fra i testi di tipo narrativo, un libro di Massimo Carlotto, del 1998, intitolato “Le irregolari” (ed. E/O), che racconta di un viaggio appositamente fatto dall’autore a Buenos Aires con una breve puntata in Cile (il sottotitolo recita, significativamente, “Buenos Aires horror tour“: ma non è “turismo dell’orrore“, bensì un viaggio nella memoria orribile), che “racconta in modo completo, documentato e rigoroso la storia della guerra sporca della dittatura argentina e la battaglia – e, purtroppo, le divisioni che intervennero al loro interno – delle nonne e delle madri di Plaza de Mayo” (sono loro “le irregolari“, così definite perché non si piegarono alla regola del silenzio imposta dal regime assassino): un libro vibrante di passione civile, durissimo e sofferto in alcune sue parti per gli episodi che descrive, benché assolutamente ancorato ai fatti. Un libro da leggere, lo dico senza esitazione, per chi voglia capire da testimonianze dirette quale inferno c’è stato laggiù, mentre noi in Occidente eravamo spesso distratti.

Ma la ragione specifica da cui originano queste note è quella di segnalare il nuovo libro di una bravissima scrittrice argentina, Elsa Osorio. E’ nata nel 1953 a Buenos Aires e di sé ha detto, in una recente intervista: «La dittatura ha spezzato in due la nostra vita. E lo ha fatto nel periodo in cui iniziavamo ad avere figli e una vita lavorativa. Io ho vissuto un esilio interno, nascosta per un po’ in Argentina con il mio ex marito; poi in Francia ed infine siamo ritornati. Ma non potevo lavorare perché vigeva la legge di sicurezza nazionale ed ero stata licenziata. Non ho mai fatto parte di gruppi armati; semplicemente ho sempre pensato con la mia testa e al massimo ho avuto rapporti con il sindacato. Per molto tempo non sono stata in grado di scrivere; non perché qualcuno me lo impedisse, ma per una sorta di mia evoluzione interiore. Ci sono riuscita solo dopo 20 anni dal golpe». Elsa Osorio non ha scritto moltissimi libri, e non tutti sono stati tradotti in italiano: ma sono tutti bellissimi (almeno quelli tradotti). Ormai molti anni fa (da Guanda nel 2000; poi in edizioni TEA) fu pubblicato in Italia “I vent’anni di Luz“, che racconta la storia di una ragazza argentina ventenne (da cui il titolo) che scopre di non essere figlia di coloro che credeva fossero i suoi genitori ma di essere stata sottratta, appena nata, ad una prigioniera politica morta in carcere, e va alla ricerca del padre che ha scoperto essere ancora vivo: un libro avvincente, molto intenso nelle descrizioni delle infamie messe in atto dalla dittatura argentina, che non a caso ha venduto oltre mezzo milione di copie in Europa. Una storia di quelle richiamate più sopra denunciate dalle “madres” e dalle “abuelas“, emblematica di molte altre di quel tempo in quella terra, raccontata in modo magistrale. Un libro da recuperare o da rileggere.

Come già accennato, Elsa Osorio è di recente tornata in libreria con un’opera, intitolata “Doppio fondo” (ed. Guanda, 410 pagg., 19,50 euro), che narra un’altra storia della dittatura argentina. Lo si può dire subito: un libro bello come l’altro o forse ancora di più, avvincente e commovente come l’altro, e come l’altro scritto molto bene (e con un’ottima traduzione). Che si avvale, inoltre, e questo aumenta il suo interesse e la sua godibilità, di una soluzione narrativa del tutto originale: il racconto si svolge su due piani distinti ma infine convergenti, inframmezzati da brani in carattere corsivo il cui senso si scoprirà solo con la lettura delle pagine finali (dopo le quali conviene rileggere per intero, tutta di seguito e saltando il resto, la parte in corsivo, per comprenderne appieno il senso umano e politico). Vi è, come si è detto, una narrazione doppia: da un lato la vita di Juana, una giovane oppositrice argentina aderente alla lotta armata nelle file dei Montoneros(l’organizzazione della sinistra rivoluzionaria peronista; prima aveva militato nelle FARFuerzas Armadas Revolucionarias), catturata dai militari pochi mesi dopo il golpe ed imprigionata insieme al suo bambino di tre anni («ne aveva passate di tutti i colori: il bagagliaio dell’auto, con lei che gridava e il bambino che piangeva, la branda della cella numero 13 nel sotterraneo dell’ESMA…..»), il suo passaggio nell’inferno della detenzione e della tortura («ci uccidevano a ripetizione, ci frantumavano, ci facevano a pezzi. Ci distruggevano. Ci eliminavano. Ci spolpavano. Ci svuotavano di noi stessi. Lì si toccava il fondo ogni giorno………..Era tutto folle, così folle quello che le circostanze ci hanno spinto a vivere»), la sua forzata “cooptazione” nei servizi del regime e tutta la vicenda da lei vissuta per tentare di riconquistare la libertà fisica e psicologica, e con questa la sua dignità avvilita («quello che restava di me era un essere amorfo che ogni giorno doveva imparare a resistere ancora un giorno, e poi un altro, e un altro ancora»); dall’altro lato il ritrovamento in Francia, nel 2004, di una donna annegata in mare, con sorprendenti e sospette fratture alle gambe, che desta la curiosità di una giovane e spumeggiante giornalista e del suo brillante compagno che si mettono ad indagare su questo caso, con uno svolgimento molto intrigante per le varie personalità che via via la storia coinvolge, con un ritmo da thriller che assume sempre più caratteri storico-politici. Ne viene fuori un mix appassionante che tiene incollato il lettore alle pagine, per i vari ed altalenanti registri che tocca; ma talvolta il libro deve essere chiuso per “respirare“, per governare la commozione che suscita e che in alcuni momenti rischia di riuscire troppo coinvolgente, insostenibile.

Non è per nulla che il grande scrittore cileno Luis Sepulveda, che ha conosciuto e pagato un doloroso tributo anche personale e familiare all’infame dittatura del suo Paese (lui era uno dei “ragazzi di Allende“, nel 1973), ha parlato di “maestria letteraria” e di “sapienza narrativa” di Elsa Osorio nel descrivere da un lato “la fragile linea che separa il tradire sotto tortura dal simulare la sconfitta definitiva, cedendo e addirittura collaborando con la repressione, ma senza fare il nome di nessuno dei compagni di lotta e cercando di salvare quanto c’è di più intimo e personale, l’unica ragione per aggrapparsi alla vita: ciò che si ama e che col suo amore ci fa sopportare tutto“, e dall’altro la bravura “di una giovane giornalista di provincia, uno studente di storia e un’anziana vicina di casa della donna morta, che pazientemente scoprono chi era quella donna, e come e perché è morta, e prendono posizione e si mettono in gioco per il più semplice atto di giustizia: restituire alla donna ciò che ha amato sopra ogni cosa“. Ed ha aggiunto: “Nella storia dei nostri Paesi, molti scrittori hanno assunto la carica di cronisti della storia non ufficiale, combattendo le leggi per l’amnistia. Siamo stati dei vigilanti della memoria, senza sacrificare la qualità letteraria che è necessaria per scrivere un buon libro“: Elsa Osorio è esattamente questo, una grande scrittrice che fa la “vigilante della memoria“. E perciò – ancora Sepùlveda – “Doppio fondo può essere definito in un solo modo: un romanzo indispensabile“.

El Cultural (España)|La Capitana| Ernesto Calabuig

Libros  NOVELA

La Capitana

Elsa Osorio

Siruela. 2012. 220 pp. 16’50 e. Ebook: 11’99 e.

ERNESTO CALABUIG | 27/01/2012 |  Edición impresa


Elsa Osorio Casi veinticinco años de documentación y viajes hay detrás de La Capitana, última novela de Elsa Osorio (Buenos Aires, 1952) en la que se cuenta la heroica vida de la argentino-francesa Mika Feldman de Etchebéhère (1902-1992), mujer valiente y comprometida, antifascista y antiestalinista, que luchó al frente de las columnas del POUM en la defensa de Madrid durante nuestra Guerra Civil, y en batallas tan dramáticas como Atienza, Sigüenza, Moncloa, Pineda de Húmera o Cerro de Ávila. Entre los papeles de los fascistas se la describía como “mujer peligrosa que manda entre los rojos”. 

Pero Elsa Osorio no se queda en desarrollar el relato vibrante de estos acontecimientos. Lo que de verdad aborda es la compleja historia ideológica del siglo XX europeo, con sus paradojas, mentiras y trampas. Para ello se vale de habilidosos saltos espacio-temporales y de un logrado coro de voces -que incluyen a la propia autora en mitad de sus pesquisas-, figuras que hablan y van desgranando un largo y poderoso recitativo desde los orígenes judío-rusos de emigrantes a Argentina de la familia de la protagonista, a su vida en el París y Berlín de los años veinte-treinta, el mayo del 68, la guerra de las Malvinas, los testigos contemporáneos desde los setenta a la actualidad… La figura de su marido, Hipólito de Etchebéhère, ingeniero de clase acomodada que desde muy joven se rebeló contra terribles injusticias como la Semana Trágica del barrio judío de Buenos Aires (1919) o las matanzas de 1500 obreros en la Patagonia en 1922, propicia una gran historia de amor, activismo y compromiso compartido. 

Brillante es la descripción del entusiasmado y crispado Berlín de las elecciones del 1932 y 33 -con la imposibilidad real de sostener un frente obrero de izquierda ante el nazismo-: “Allí se jugaba la escalada del nazismo al poder, y la torpeza de los dirigentes comunistas y socialistas obnubilados por su mutuo odio, impedía percibirlo”. Lúcida es también la denuncia del progresivo exterminio del POUM por parte del Partido Comunista de España en connivencia, o al dictado, de la URSS (gran figura la del siniestro espía ruso Jan Well con su fijación por Mika Feldman). 

El libro es el relato fascinante de una vida fascinante, la de una mujer que por convicción y coherencia hizo suya una guerra que en principio no le correspondía, consciente de que ahí se jugaba la libertad y la justicia para el género humano y de que todos ellos se encontraban “en el corazón de la Historia”. El homenaje de Elsa Osorio, en su gran impulso ético, parece extenderse a cuantos combatieron entonces por ideales tan nobles. Entre las anotaciones de Mika Feldman, un apunte: “Hay hechos que piden ser narrados”. Sin duda la documentada y sólida historia de La Capitana que nos ofrece Elsa Osorio es uno de ellos. 

europapress (España)|Elsa Osorio rescata del olvido a «la Capitana», una argentina en la Guerra Civil española

Elsa Osorio rescata del olvido a «la Capitana», una argentina en la Guerra Civil española

Una novela sobre Mika Feldman Etchébehère

MADRID, 26 Ene. (EUROPA PRESS)    La escritora Elsa Osorio rescata del olvido la vida de Micaela Feldman Etchébehère con su novela La Capitana (Siruela), la única mujer que estuvo al mando de una columna española durante la Guerra Civil Española y que recorrió con su compromiso ideológico los momentos más importantes de Europa en el siglo XX.

Mujer, judía, argentina y comunista, aunque poco dogmática y alejada de los principios del Partido Comunista. La vida de Mika (Moisés Ville, provincia de Santa Fe (Argentina), 1902 – París, 1992), como se la conocía, posee muchas características para que su aventura revolucionaria haya caído en el olvido de la Historia.

Ahora, que se cumplen 20 años desde su fallecimiento, Osorio une ficción y realidad para contar la vida de una «persona libre que intentaba cambiar el mundo», a quien su carisma le bastó para liderar una columna del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) durante el conflicto español, según ha explicado este jueves la autora en declaraciones a Europa Press.    Fue amiga de Julio Cortázar y André Breton, estudió Odontología en la Universidad de Buenos Aires y Arte en la Sorbona de París, un bagaje intelectual que se une a su compromiso ideológico con la revolución. Sus convicciones le llevan a integrarse en el Partido Comunista con su compañero, Hipólito Etchebéhère, aunque ambos son expulsados pocos años después por su desacuerdo con la organización.    Aunque ligada a una revolución obrera en la que creía firmemente, Feldman nunca fue encasillada con ningún partido, uno de los motivos por los que, según explica Osorio, es posible que su legado nunca haya sido reivindicado por ningún partido político.

«HOMBRES Y MUJERES, DE IGUAL A IGUAL»   

«En 1931, cuando se dio cuenta de que en América no había organizaciones obreras suficientes para llevar el gran cambio, decide ir a Europa», cuenta la escritora. Para ella, «su revolución era la de todos» y también su única obsesión, algo «difícil de comprender hoy en día». «Me asombra que un perfil así sea tan poco conocido», insiste.

En España consiguió liderar una columna del POUM gracias a su personalidad, de la que Osorio destaca una característica: «Sabía tomar decisiones». Para introducirse, Feldman comenzó a «dar de comer caliente y preocuparse por que todos estuviesen abrigados». Después, día a día, «va tomando mayor poder y capacidad de determinación, hasta que son los propios milicianos quienes la eligen», indica.

En su ficción de la realidad, Osorio pone en boca de Feldman estas palabras: «Estamos luchando por la revolución todos juntos, hombres y mujeres, de igual a igual, nadie debe olvidarlo». «Qué hacer con ella» y cómo obedecerle» eran dos pensamientos constantes en la mente de los milicianos, quienes a pesar de revolucionarios eran machistas, por lo que todo lo que saben de la mujer «se les da la vuelta con ella», cuenta Osorio.

Aunque supo manejar «bien» esta situación, a la autora de La Capitana no le cabe duda de que «le resultó bastante difícil», porque «lo hizo desde su condición de mujer» y con tres cometidos: sostener, alimentar y alentar. Además, destaca que fue una mujer «muy influyente», lo que convirtió a su columna en «temeraria» con el único objetivo de «ir para delante».

Años después de su experiencia en la Guerra Civil, Feldman escribió el libro Mi guerra de España, un testimonio que tiene más resultados en internet que su propia existencia, cuyo recorrido la llevó hasta Alemania, de donde huyó a Argentina por su condición de judía. Desde 1946 hasta su muerte vivió en París, ciudad en la que, incansable, participó en todos los acontecimientos políticos, como el mayo del 68, para continuar su revolución.