Revista Kundra (Argentina). Reseña de Doble Fondo por Victoria Mora

#Reseña | Doble fondo de Elsa Osorio, por Victoria Mora

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Doble fondo o la persistencia de la memoria

Pienso en ellos en los muertos
En los que yo vi caer
En los que están grabados en mi alma
En los que aún están cayendo en mis miradas
Vosotros que seguiréis muriendo
Hasta el día en que yo muera

Vicente Huidobro

Datos del libro: 
Título: Doble fondo
Autora: Elsa Osorio
Editorial: Tusquets
Año: 2017
384 Páginas

La muerte bajo las condiciones más horrorosas es parte de nuestra historia, vivimos atravesados por las revoluciones que no fueron y el daño que se hizo para evitarlas. Frente a esta herencia podríamos pensar qué nos queda. Nos quedan la memoria, la verdad, la justicia que no sólo tomará la necesaria forma de la insistencia jurídica, sino que también se volverá literatura. Si hay alguien que en nuestro país sabe de eso es Elsa Osorio. Hace veinte años publicó la primera novela en tratar la apropiación ilegal de menores en el marco de la dictadura cívico militar. A veinte años, Luz es una historia tan inmensa como hermosa de la que no se sale indemne, y que se ubica como una lectura indispensable para acercarnos a las siniestras lógicas del horror, así como a las amorosas lógicas de la resistencia.

Elsa Osorio ha sido traducida a más de veinte idiomas y sus libros recorren el mundo narrando lo que somos. Embajadora de un fragmento esencial de nuestra historia formó parte en España de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid. En 2015 el Ministerio de Cultura de Francia la reconoció como Chevalier de L`ordre des arts et des lettres, premio que se suma a una larga lista que incluye el Premio Amnesty Interncional por su primera novela. A veinte años, Luz se suman entre otros Cielo de tango (2006), Callejón con salida (2009) y Mika La capitana(2012)

Frente a lo incomprensible mejor narrar, dice Osorio en una entrevista. Y esta breve frase revela su poética: una poética de la memoria y de la resistencia. Allí anida lo que resuena y retorna en su literatura: la apropiación, el secuestro, la tortura, la inmigración, la guerra. Sus relatos sumergen al lector en la perplejidad pero en el transcurrir de las páginas también aparece el otro lado del espanto: el compañerismo, la esperanza, la lucha inagotable por un mundo mejor, y el amor salvando los días.

Doble fondo (Tusquets, 2017) es un policial que Mempo Giardinelli definió como negro y que  comienza con un cuerpo muerto en un pequeño pueblo de Francia. El comisario le revela a Muriel, la periodista del diario local, la similitud de este aparente, aunque extraño, suicidio con la modalidad de ciertos asesinatos ocurridos en la Argentina en los años 70: hombres y mujeres arrojados vivos al río. Frente a ese plural la pregunta inocente de la periodista es por la existencia de un asesino serial, la triste respuesta es que los asesinos fueron muchos. Así comienza a desplegarse, para Muriel y para el lector, un camino de conocimiento que recorre la vida de la mujer asesinada a la vez que van apareciendo siniestros episodios de nuestra historia.

El tejido se va armando a partir de tres hilos narrativos: Muriel en 2004 investigando la muerte de Marie Le Boullec médica argentina radicada en Francia, Juana Alurralde en 1978 secuestrada en la ESMA y forzada amante de un represor para rescatar a su hijo del infierno, y una carta en la que una madre le escribe a su hijo su historia, su militancia para que frente a lo incomprensible la escritura pueda producir un encuentro.

En los capítulos donde el punto de vista es el de Juana se ahonda en las vivencias de esta mujer militante montonera en el infierno que fue la ESMA y que incluye la salida a París como obligada compañera del represor Raúl Radías con el objetivo de que se infiltrara entre los exiliados argentinos en el marco de lo que fue el Centro Piloto Paris. Juana se fuerza a ejercicios de memoria que no sólo le permiten sobrevivir sino que la sostienen en un posible futuro donde todo lo que vio sirva como denuncia. Mientras tanto resta fingir, sostener una relación con todo el rechazo que implica sostener la mentira de amar a un torturador. Así, de una manera tan jugada como precisa, Elsa Osorio aborda un tema complejo como el de las relaciones que se establecieron entre torturadores y víctimas para poder sobrevivir. 

La novela es imperdible y tan dolorosa como bella. La autora nos recuerda en estas páginas por qué los crímenes de lesa humanidad no prescriben y por qué necesitamos de la mejor literatura para recordarlos, como dice Huidobro: los muertos seguirán cayendo en nuestras miradas mientras haya quién asuma la responsabilidad de contar sus historias, que también son las nuestras.

Vocable (Francia) por Tatiana Dilhat


Las voces de Elsa Osorio

Interview de la romancière argentine à propos de Double fond

Vocable (Espagnol) – 22 Feb 2018. RENCONTRE AVEC ELSA OSORIO romancière argentine

Dans Double fond (Ed. Métailié), la romancière argentine Elsa Osorio pénètre au coeur des ramifications internationales de la dictature argentine, plus exactement au sein du Centre Pilote de Paris chargé de surveiller les exilés argentins à l’étranger. Un polar psychologique aussi passionnant que glaçant construit autour de Juana, une ex-guerillera aux mains des tortionnaires de la Junte militaire… Rencontre.

Vocable: Su primera novela A veinte años, Luz trataba de los hijos de los desaparecidos de la dictadura argentina y, con esta, Doble fondo explora uno de los tentáculos de la dictadura en el extranjero con el Centro Piloto de París. ¿Cómo surgió la idea de la novela?

Elsa Osorio: Yo ya sabía, desde hacía muchos años, que el Centro Piloto funcionaba como una agencia de inteligencia dentro de la embajada de Argentina de París, pero todo estaba rodeado de un halo de misterio. Se sabía lo de Alfredo Astiz [N. de la R. él pilotaba los aviones militares que arrojaban desde el aire a los opositores de la dictadura], apodado el Ángel rubio de la muerte, un hombre del almirante Massera, que infiltró colectivos de exiliados argentinos en Francia. Había muchas más historias de infiltrados del grupo de tareas de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) de París, pero todo estaba tapado, porque estaba estrechamente relacionado con el mundo de los negocios. Era muy difícil que hablara la gente. La historia transcurre en un periodo de la dictadura en el que la represión no es ideológica sino mafiosa. La dictadura quería quedarse con el dinero. Pero, lo que me interesaba, era el personaje de Juana, una mujer, exguerrillera, que tuvo relaciones con su represor. No me gusta la expresión ‘síndrome de Estocolmo’ y quería mostrar cómo una persona destruida, pero, al mismo tiempo, fuerte, se las apaña siendo “cautiva”, obligada a este trabajo de “esclavo” en el Centro Piloto de París. Ella se jugaba la vida todos los días. El personaje de Juana es una composición desde distintas mujeres, y me centré en contar qué le pasa a una mujer en estas circunstancias.

2. Vo: El Centro Piloto de París tenía dos metas: una era infiltrar a exiliados y organismos de derechos humanos en Francia y, la otra, promover Argentina en los medios de comunicación franceses, para la organización del Mundial del 78 sobre todo. Compara en la novela el Mundial argentino con los Juegos Olímpicos de Berlín del 36…

E. O.: Lo del Mundial fue una cosa increíble y, lo que cuento en la novela cuando festejan la victoria de Argentina sobre los holandeses, lo viví. Yo salí a la calle con mi marido, que estaba entusiasmado, pero me resultó nauseabundo. Entiendo que los pueblos necesiten alegría, pero, sabiendo lo que pasaba en el país… En fin, el Mundial es un gran negocio… Pero lo que es un recuerdo personal fuerte, es que no podía entender y creer que organizaciones políticas como los Montoneros no estuvieran de acuerdo con el boicot del Mundial.

3. Vo: Y, ¿consiguió muchos datos y testimonios en su investigación sobre el Centro Piloto? E. O.: Se sabe de tres mujeres detenidas que vinieron al Centro Piloto, que fueron usadas como “colaboradoras” para infiltrar a grupos de exiliados. Lo que sí está muy claro sobre esta “agencia de espionaje” es que estaba muy entregada y preocupada por el asunto del COBA (comité de boicot al Mundial). Hablé con François Gèze, ingeniero y activista francés, y que organizó la campaña de protesta contra la dictadura argentina y de boicot al Mundial. Él decía que la opinión pública en Europa se movilizaba en solidaridad con Chile pero ignoraba la situación en Argentina. Los hombres de Massera pensaban que alguien pagaba a los franceses de la COBA, pero no era verdad.

4. En los datos, comprobados, del Centro Piloto, se encontró que Massera quería pactar con los Montoneros un alto el fuego durante el Mundial. Buscaba también convertirse en presidente de Argentina y quería construir una imagen pública alejada de las torturas en Francia. La situación era… ¡una locura! Otro personaje clave de la novela es Elena Holmberg. Es una persona real, que trabajó en la embajada de Argentina, y que estaba de acuerdo con la dictadura. La idea de espiar a los exiliados fue suya, pero, después, Elena se transformó en alguien que molestaba a los grandes negocios de la dictadura. Entonces la mandaron a la Argentina y la mataron.

5. Vo: Y la actualidad argentina se hace eco de su novela, con una de las primeras decisiones judiciales de 2018: la de conceder el beneficio del arresto domiciliario al expolicía Estchecolatz, condenado a cuatro cadenas perpetuas por delitos de lesa humanidad…

E. O.: Entre el momento en el que empecé a escribir esta novela, en 2013, y ahora, la situación de la justicia en mi país ha cambiado mucho. Se debe saber que la justicia argentina llegó donde nunca llegó la justicia en América latina ni en España en referencia a la dictadura. Pero, en mayo del año pasado, se promulgó una ley en la Corte suprema, “el dos por uno”, para reducir los años de condena y salieron medio millón de personas a la calle y tuvieron que parar. Hace un mes pedí una lista de los arrestos domiciliarios y no la conseguí. Creo que hay una devolución de favores y que intentan tapar el asunto, pero va a haber movidas… Ahora tratan a estos criminales como pobres viejecitos, otorgándoles el arresto domiciliario en la zona sur de Mar de Plata…

6. Vo: Como en otras de sus novelas, Doble fondo es una narración con muchas voces…

E. O.: Siempre uso muchos narradores, pero, esta vez, quería que fuera uno solo. Al final no lo hice. Doble fondo es una falsa novela policial pero necesitaba introducir una distancia con toda la cuestión ideológica para mostrar la evolución de Juana. Por eso, deci- dí meter esta larga carta de Juana, que hilvana la narración y las épocas a lo largo de la novela. Así se construye el personaje de una mujer guerrillera, destruida por las circunstancias, pero acostumbrada a luchar… Y que, para sobrevivir, elige vivir en la clandestinidad de por vida.

7. Vo: La novela transcurre en Buenos Aires, París y Saint Nazaire…

E. O.: Yo elegí Saint Nazaire porque los argentinos viajamos mucho, así que… hay argentinos por todos los lados, pero, en Saint Nazaire, ¡no hay ninguno! Pensé que era el lugar idóneo para esconder a Juana. Pensé también en la historia del río, el Loira, como Mar de Plata…

8. Vo: Y, volviendo a la actualidad, ¿qué le parece el actual Gobierno de Macri?

E. O.: Bueno, creo que en Argentina, como en muchos otros países del mundo, el neoliberalismo lo ha tomado todo. Macri, antes de que ganara la presidencia, cuando era alcalde de Buenos Aires, a mí no me molestaba. No lo votaba, pero no me molestaba. Pero ahora, como presidente, no deja de sorprenderme. Estoy muy disconforme con este Gobierno, pero con la oposición también. La educación en Argentina era un ejemplo en toda América latina por ser gratuita, obligatoria y pública. Siempre ha sido un proyecto de gobierno y ahora empiezan a deshilvanarlo todo, a cortar por todos lados. Hubo más de 300 000 personas que desfilaron para protestar, pero los medios de comunicación no hablan de eso…

Radar (Página 12) por Romina Doval

Radar, suplemento de Página 12. Una excelente lectura de Romina Doval  de mi novela “Doble fondo».

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Un policial histórico

En Doble fondo, Elsa Osorio combina con pericia un policial con comisario y clima pueblerino y la historia de la dictadura en su aspecto más siniestro: la utilización de prisioneros para reeducarlos, en una trama entretejida entre Francia y la Argentina.

En el último libro de Elsa Osorio, Doble fondo, se alternan dos relatos. En el primero, año 2004, Muriel, una joven periodista francesa, cubre para el diario local la noticia de un particular y sorprendente asesinato producido en el mismo pueblo donde ella y sus lectores viven. Sorprendente porque en este pueblo de la costa francesa, Saint-Nazaire, se produce un crimen por año. Particular porque se trata del cuerpo de una mujer arrojado al mar desde mucha altura y que, según la autopsia, contenía Pentonaval, anestesia que usaron los militares argentinos en la última dictadura antes de tirar sus prisioneros al mar en los “vuelos de la muerte”. 

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A veinte años Luz (en árabe) Entre las mejores novelas del año

Entre los mejores libros del año, seleccionados por la novelista egipcia Donia Kamel, la versión en árabe de A veinte años, Luz.

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Entrevista en Evaristo Cultural por Luis Adrián Vivas

Una interesante entrevista de Luis Adrián Vivas.

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La mujer de la Turballe, es de Saint-Nazaire. Una argentina misteriosa. Y una muerte dudosa.

Tiempo atrás, en los años de plomo, un secuestro, una desaparición forzada. Una joven arrojada dentro del baúl de un auto que, en este caso, representa el punto de partida de un interminable cautiverio. En aquel operativo, un niño pequeño que, asustado, quebrándose a los gritos, rompe en llanto. Un hijo en zona de riesgo. Y un … “haceme adiós con la manito”.

Una historia de dolor, de rabia y culpa, de incomprensión; de lucha y de resignación, de búsquedas, de esclavitud, de deseos y de miedos, de ambiciones, de amor y de ternura; también de rencor y de arrepentimiento.

Es una historia marcada por ausencias y presunciones.

La novela avanza guiada por la no ficción. Las FAR, Montoneros. Una juventud que, entrampada en pecados de inexperiencia, creía que era posible ganarle la batalla a cierta realidad blindada, por el establishment, y apoyada en una tolerancia que, por vía de consentimientos tácitos, evidenciaba una gran parte de la sociedad, la que a su vez se respaldaba en el discurso único ensayado por ciertos operadores simbólicos. La autora recorre esos caminos, por momentos tétricos, y lo hace de la mano de los personajes que supo crear con intención de emocionarnos, de indignarnos y, quizás, de comprometernos a recordar las múltiples facetas de aquella dictadura, por demás, mafiosa.

Una militante prisionera; es esta madre que, para lograr la libertad de su hijo de tres años, debe pagar un precio que supera, con creces, el hecho de haber soportado, estoicamente, esa primera etapa de aquel martirio. La camilla del camarote 13, en el sótano de la ESMA. La avenida de la Felicidad, la Capucha, la pecera, el staff. Tortura; tormentos y resistencia.

Esta misma mujer, se va convirtiendo en otra persona. Lo que queda de ella se va desdibujando, se va transformando en algo más y, ese algo más, conecta con la fuerza interior que necesita para sobrevivir, día tras día, envuelta en un constante aprendizaje. Fue ahí, al filo de la desesperanza, cuando toma las decisiones más difíciles, despertando algunas suspicacias. Pero, ella no es una traidora, aunque las apariencias tiendan a reflejar esa silueta, esa falsa imagen, esas muecas superficiales que, en cierto modo, pesan más que la verdad. Y, por eso, sería reconocida como la protegida, como la elegida – en ese “proceso de recuperación”-. Es la que debe infiltrarse en el Comité para el Boicot a la Organización del Mundial de Fútbol en Argentina; una misión que le asigna la Marina y, para cumplirla, viaja a París donde, entre idas y vueltas, escribe una larga carta a su hijo en la que recorre su vida, ecos de una dictadura que, como trágico pasaje histórico, se inscribe con letras de molde, por ser el capítulo más odioso de la trágica biografía de un pueblo, … el argentino.

Quisiera iniciar esta entrevista, preguntándote por una suerte de coincidencia. El mismo día que terminé de leer Doble Fondo, el Tribunal Oral Federal, que entiende en la causa, condena a prisión perpetua a los represores Alfredo Astiz y Jorge “Tigre” Acosta por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la dictadura. También condena a un ex piloto acusado de estar involucrado en los “vuelos de la muerte”. ¿Qué sentiste al enterarte?

Un gran alivio, un aire fresco. Un importante paso en el camino de verdad y justicia, que comenzó hace tantos años, cuando la primera madre reclamó por su hijo desaparecido, y que llega hoy a condenar a los responsables de crímenes aberrantes. Ellos tuvieron la oportunidad que no dieron a sus víctimas: un juicio.

Si bien mi personaje Raúl Radías es ficción, es una composición de varios marinos del grupo de tareas 3.3.2 . A los personajes que interactúan con él , decidí ponerle el nombre real : Astiz, Radice, el Tigre Acosta, Cavallo, Massera. Y que tengan la perpetua es tranquilizador. Espero que no se les otorgue la domiciliaria.

Tanto Astiz como Scilingo, entran por la tangente en tu novela, uno de ellos expresó su arrepentimiento, el otro no. Astiz, como casi todos los genocidas, insiste en no tener por qué pedir perdón a nadie. ¿Qué podés decirnos de este empecinamiento?

Scillingo (a quien vi varias veces en Madrid, asistí varias veces a su juicio) es un caso patético, un represor no famoso como los otros y que tuvo su triste momentos de gloria después de su confesión a Verbitsky. Se creía una estrella de rock a quien todos querían entrevistar hasta que cayó en manos del juez Garzon, y en lugar de un estudio de filmación lo llevaron a la cárcel. Después él dijo que todo era mentira, que le habían pagado un dinero para que dijera eso. Mi opinión es que sí se arrepintió, no debe ser fácil vivir después de haber tirado 32 personas vivas desde un avión. El caso de Astiz es diferente, él no se arrepintió ni se arrepiente, y lo que hizo es descalificar a quienes lo juzgaron. Uno de los más siniestros, por algo lo llamaron el Ángel de la muerte.

Contanos ¿cómo nació la idea de escribir Doble Fondo?

En principio me interesé en averiguar sobre el Centro Piloto París, pasé años buscando testimonios y documentos en Francia. No era fácil, pero soy obstinada y seguí. Hubo crímenes como el de Elena Holmberg- y otros ligados al Centro Piloto- por el cual aun no se ha establecido al asesino. Luego mi interés se concentró más en la protagonista, una mujer que vive circunstancias extremas, y aunque seguí investigando el Centro Piloto, el COBA, la época del mundial del 78 en Argentina, comprendí que el Centro Piloto París era un síntoma más de la represión mafiosa.

¿Cómo encaraste el proceso de escritura?

Primero escribí el asesinato de la médica francesa, el relato del presente, cuando me metí en 1978 era más fluido, más fácil para mí, aunque duro por lo que pasaba, luego volví a lo que pasa en el 2004 y tejiendo uno y otro fui diseñando la trama. La carta que inicia la novela me sirvió para hilar los dos tiempos.

Decinos algo acerca de la galería de personajes, masculinos y femeninos, que armaste para contar esta historia, tejiendo vínculos. ¿Por qué Muriel?, ¿por qué también es mujer quien se obsesiona en querer llegar a la verdad?. Lo mismo que Geneviève. Por otro lado, Marcel acompaña la investigación pero, finalmente, lo hace desde un lugar distinto; también Fouquet. ¿Qué podrías adelantarle a los lectores acerca de este “equipo”?, por llamarlo de alguna manera.

Quise que los personajes del presente, los franceses que investigan el asesinato, pudieran ver estos hechos desde otra óptica- Viven en circunstancias muy diferentes, no tocados en lo personal por la historia, y me permiten equilibrar el relato, aligerar la atmósfera de esos años salvajes. Es un equipo de investigadores muy particular, Muriel, la periodista joven, idealista y algo histérica, Marcel, un joven historiador que va ganando mi afecto en la novela, que crece y acompaña el camino de mis propias investigaciones, la vecina de la mujer ahogada, y el comisario Fouquet. Yo tenía problemas en tener alguien en uniforme, aunque sea francés, y me arreglé con este equipo para resolverlo.

Uno de los temas, tal vez el más importante, sería el de la relación materno-filial en el contexto que elegiste para desarrollar la trama. Pero no resulta menos importante, desde mi punto de vista, la relación paterno-filial. Aquí, Manuel le miente a Matías -un joven inteligente- y pudo sostener esa mentira, tal como lo hacían los medios de comunicación, en general. Te pido una reflexión desde lo sociológico, obviamente, teniendo en cuenta aquel espacio temporal.

Matías es un hijo a quien se le ha ocultado la verdad, se le ha inculcado un rencor , y que juzga duramente a su madre porque “le importó más la política que él” y luego lo dejó.

Hay algunos casos de hijos como Matías, criados por el “otro”, y con una versión distorsionada de lo que pasó, movida por los intereses personales -y económicos- del padre . No se ha hablado de estos hijos, que no están orgullosos de sus padres militantes, sino resentidos. Pero mirá que interesante ahora la asociación que ha surgido de los hijos de los represores . Las historias humanas tienen muchos matices .

Me gusta que los personajes puedan cambiar en la misma novela, tal vez porque soy optimista.

Me interesa ese padre, que más allá de lo psicológico, representa sociológicamente los ecos de la dictadura en el menemismo, en el poder económico. Cuando Marcel llega a estas conclusiones, tuve ganas de seguir, pero no venía al caso en esta novela. Tal vez en otra.

La relación de la madre con su hijo es el hilo donde se encadena toda la novela, en esa carta.

Fue difícil sostener en el transcurso de la escritura que duró más de cuatro años ese asesinato del primer capítulo, me hubiera gustado salir, salvarla, resucitarla, pero no podía hacerlo, era ese asesinato diferido el que daba lugar a su historia. Era femicidio, violencia de género, pero esto, curiosamente, me di cuenta después de que fue publicada en Italia, hace unos días. Cuando escribo no sé, esas quizás verdades se revelan después, sin buscarlas. Por eso me gusta la ficción como camino transversal a la historia.

El ensayo que Matías publicó en un foro, con otro nombre, ¿hasta qué punto está contaminado por esa tergiversación de la realidad que debió padecer en carne propia?

El ensayo yo creo que existió, alguien, una prisionera lo escribió como parte de su trabajo esclavo. No sé si está o no, si alguien lo tiene. Que en la novela lo publique Matías en un foro y lo discutan desde dos generaciones y ópticas diferentes me sirve para poner estas cuestiones en juego, en la que uno y el otro tienen y no tienen razón al mismo tiempo. El está contaminado de esa ideología en la que se formó pero curiosamente busca, busca, y al fin la encuentra.

Los mails cruzados entre “Soledad Durand” y Matías Cortés, la punta del ovillo. ¿Cómo surge esta idea de incrustarlos en el centro de la trama?

Me gusta que haya varios narradores. Los mails era una manera de acercarlos entre sí, acercarlos a los investigadores franceses. Y a los lectores, los mails están en segunda persona, incomparable visión de narrador para generar cercanía. Los mails forman parte de nuestra vida cotidiana hoy, darles lugar en mi novela fue natural.

¿Qué nos pasa, como sociedad, frente al fenómeno de la impunidad?

A veces creo que le hemos puesto límites, por ejemplo con los juicios, con la justicia universal, otras veces, me desespera tanta impunidad aun en varios órdenes. Es- debería ser- compromiso de todos los ciudadanos poner límites a la impunidad. Hemos dados pasos importantes, pero aun nos falta mucho.

Esa noche fue al cabaret Moulin Rouge con Raúl y con los marinos franceses”.

El Comité Para el Boicot a la Organización del Mundial de Fútbol en Argentina -1978-. Y el Centro Piloto París. La Doctrina francesa. Ha trascendido que, durante más de veinte años funcionó -en el edificio del Ejército en Buenos Aires- la escuela de asesoramiento para el plan de desaparición de personas. Los franceses habrían “exportado” su experiencia en el uso sistemático de la tortura como método para obtener información. El modelo francés contemplaría, precisamente, la idea de “los vuelos de la muerte”. Francia habría aplicado esta doctrina en Argelia. ¿Qué podés decirnos acerca de esto?; te lo pregunto porque ciudadanos franceses, como Muriel y su entorno, obviamente, permanecían lejos de esta aparente verdad.

Con respecto al COBA fue una organización que tuvo una enorme difusión, publicó una revista L’Epique que llegó a 200 000 ejemplares en la que se denunciaban los crímenes de la dictadura y que intentó boicot al mundial de Fútbol en Argentina. La gente participaba en forma individual y no como organización política, y había muchos más franceses que argentinos. (Las organizaciones políticas argentinas en el exilio no apoyaron el boicot) Hubo mucha solidaridad en Francia con los exiliados argentinos , figuras destacadas el arte y la política gente se reunían los jueves frente a la embajada argentina, y varias organizaciones más. Yo tuve la oportunidad de hablar con Francois Gèze , fundador del COBA y otros organizadores, de ver documentos y me parece conmovedor cuánto se trabajaba para ayudar a la Argentina, a América Latina.

También es cierto que militares franceses adiestraron a militares argentinos en lo que llamaban la guerra antisubversiva. La escuela de las Américas se crea posteriormente.

Mi personaje recuerda los Escuadrones de la muerte. Es muy interesante el documental de Marie Monique Robin sobre este tema.

Elena Holmberg, prima hermana de Alejandro Agustín Lanusse, resulta víctima del mismo Proceso de Reorganización Nacional en el que depositó plena confianza. ¿Cómo podía convivir una élite medianamente culta, aunque socialmente encerrada en sus prejuicios, con la brutalidad característica de un sector bien definido de las Fuerzas Armadas?

Elena Holmberg es un personaje de mi novela no sólo por su importancia en el Centro Piloto (ella estaba a cargo de la oficina cultural donde se instaló, hay quien dice que fue su idea) sino para mostrar la diferencia entre esa ideología que apoyaba la dictadura, y la represión mafiosa, que encarna el grupo de tareas de la ESMA destinado al Centro Piloto París. Para un sector de la sociedad la desaparición y asesinato de Elena Holmberg fue el primer signo de que los desaparecidos no era algo sólo de “zurditos” y de la infamia del “por algo será” . Elena Holmberg era uno de ellos, una mujer ligada a la dictadura pero que se convierte en un impedimento a los negocios de Massera y por eso la matan. A su familia le costó mucho entender que no era acción de “subversivos” .

Creo que hay gente que en verdad no se daba cuenta de lo que estaba pasando pero yo siempre pensé que cuando reaccionaban había que decirles: Bienvenidos.

Hablemos del proyecto político del almirante, ¿puede ser?

Ser un nuevo Perón. Algo que trato de dar cuenta en la novela es ese delirio perverso de matar miles de montoneros y querer que lo ayudaran en su proyecto político. Me apoyo en investigaciones de años, testimonios, libros, sospechas de algunos. La logia masónica Propaganda Due , a la cual Massera pertenecía , le abre muchas puertas. Encuentro algunas pistas que sigo y luego no incluyo en la novela porque no eran pertinentes, pero que me asombran. El hombre que acompaña a Massera en esta campaña política en el exterior es Sobrino Aranda, un astrólogo político, exdiputado de UDELPA, el partido de Aramburu, amigo de López Rega, y que luego que apoya el golpe. Creo que aun vive y vaticinó sobre Kirchner y sobre Macri. Es él quien consigue para Massera la entrevista con el presidente Giscard d’Estaing (esto sí lo cuento en la novela) se la gestionan compañeros de organismos de solidaridad con Argentina, cambian la entrevista por cuatro franceses detenidos en Argentina que los mandan a Francia.

Jean-Pierre y la información que alimenta la hipótesis del crimen “con certificación de origen”. Por favor, hablanos de “la oportunidad” de sumar a este personaje.

Jean Pierre es una persona que conozco, un franco-argentino, que vive en París hace muchos años. No le he pedido su autorización para dar su nombre y apellido, por eso no lo digo. A él le atribuyo lo que me contó y otras cuestiones que yo me fui informando sobre el Centro Piloto París con diversas personas. El real, como lo describo en mi novela, es como un disco duro. Y me venía bien que Muriel lo conociera porque no podría sino acceder a ciertos datos.

Por un lado Raúl, y por otro Yves. No pregunto cuál de los dos fue el mejor hombre en la vida de la protagonista, sino ¿cuál de ellos gravitó más y por qué?

Cuando escribo me dejo llevar, incluso trato de meterme adentro de estos dos hombres, pero fuera de la novela, soy una ciudadana común que desprecia a Raúl, a los raulesradías. Creo que él la marcó con la picana, y con esa tortura sutil y no sutil que ejerció sobre ella. Hubo mujeres en esta situación, terrible, no me gusta decir síndrome de Estocolmo, porque la expresión connota un goce de la víctima, y yo creo que fueron violaciones. De hecho, mi protagonista, se resigna a esa vida que le quedó pero tiene un límite, el límite que se me ocurrió, es una ficción, es engendrar un hijo de ese monstruo.

No era muy conveniente que terminara con Yves , más práctico para su clandestinidad ponerla con cualquier otro compañero, pero Yves es un personaje luminoso que me enamoró a mí también, y mi protagonista, después de tanto horror y el dolor de no ver a su hijo, se merecía un compañero como él. Por un equilibrio.

Te propongo ir dando por concluida esta entrevista poniendo la mirada en uno de los primeros capítulos: “…Lo que más me conmovió fueron las declaraciones que hicieron ante un grupo internacional de periodistas tres mujeres, que estuvieron prisioneras en un campo clandestino, la ESMA, el mismo donde estaba Scillingo. Sus torturadores deben haber pensado que el pánico ante lo que habían vivido les impediría hablar y las liberaron. Pero ellas se animaron a denunciar las aberraciones que se cometían allí: torturas. Violaciones. Trabajo esclavo. Traslados, eufemismo que significa los vuelos de la muerte”. Y, ahora sí, cierro pidiéndote una opinión sobre la siguiente reflexión de Galeano:

…el macho no tiene la valentía de confesar “la maté por miedo” porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Genial tu asociación, no tengo nada más que agregar, creo que esa frase de Galeano define lo que pasa en mi novela.

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Telam. Entrevista por Milena Heindrich.

En su última novela, «Doble fondo», Elsa Osorio construye una trama que tiene a la última dictadura militar como escenario histórico para seguir la pista de una militante secuestrada en la ESMA que mantiene una relación con su torturador, una historia que ondula entre pasado y presente y la Argentina y Francia para volver sobre el tema de la memoria.
Juana Alurralde puede ser también Marie Le Boullec, la militante o la médica de urgencias, la protegida de un marino que camina por las calles de París pero que sigue detenida en el centro clandestino donde fue secuestrada con su hijo, la mujer que quiere vivir y que otros vivan, aquella que pasa sus días con la angustia de que la reconozcan, la que sabe que en el horror gustar tiene más que ver con la ausencia del dolor que con el amor.
El ejercicio de esta monumental novela de Osorio (Buenos Aires, 1952) es pendular entre un pasado doloroso y un presente lleno de secretos en busca de las huellas de esa mujer que de la ESMA es obligada a trabajar para el Centro Piloto de París, un organismo estratégico internacional de la dictadura que buscaba contrarrestar lo que los represores llamaban «campaña antiargentina».
Con alguna referencia literaria, como la de «La Cautiva», y una investigación que aporta al contexto histórico, «Doble fondo» (Tusquets) practica una literatura que atenta contra el olvido a partir de la construcción de una trama en clave policial sustentada en hechos y personas reales -Emilio Eduardo Massera, Elena Holmberg, Alfredo Astiz- y personajes ficticios inspirados en testimonios.
Osorio escribió este libro de casi 400 páginas en tres residencias de Francia. La distancia le permitió despojarse de la cotidianidad y sortear de otro modo la angustia de este tema que hace tiempo la interpela, como ya lo hizo en su primera novela, «A veinte años, Luz» (1998), donde abordaba la apropiación de nietos durante el terrorismo de Estado. 

– Télam: La memoria es un tema recurrente en tu obra, ¿qué aproximación te permite la literatura cuando se trata de experiencias vinculadas al horror?

– Elsa Osorio: Primero que nada escribo por una necesidad de escribir. Pero es cierto que estas cosas no las escribo porque sí, tiene que ver con mi historia, mi militancia con los derechos humanos. Con «A veinte años, Luz», que todavía no había sucedido que un nieto se buscara a sí mismo, decía que no me movía nada. Sin embargo, mientras la escribía empecé a sentir la fuerza, como una obsesión, de querer que en la Argentina se supiera que se habían robado chicos. Ahora sí, pasados los años, creo que la recuperación de la memoria colectiva es importante, pero no me gusta hacer una literatura con el dedo en alto de lo que hay que hacer. De hecho, mis personajes son bastantes contradictorios.

– T: Ahora te metés con la relación de una alta oficial de Montoneros detenida en la ESMA con su torturador, con quien desarrolla un vínculo que comenzó a cambio de salvar a su hijo y sobrevivir. ¿Quién es este personaje?

– E.O.: Es una mujer en una situación difícil, ella misma se cuestiona todo el tiempo, yo quería hacer un personaje con toda esa complejidad. Se sabe que hay muchas que no colaboraron como traidoras. Mi personaje no delata a ningún compañero. La situación de tener un hijo me parece que es bastante determinante: ¿qué no harías? Pero mi intención no es justificar nada, es contar una historia en la que yo misma me veo envuelta con todas las contradicciones, porque no estoy de acuerdo con todo lo que escribo.

– T: En la novela aparecen personajes ficticios y reales, ¿cuándo hay margen para la ficción y para la realidad cuando se trata de un tema que te interpela ideológicamente?

– E.O.: Fue una decisión llamar a los máximas figuras por su nombre. Pero en las segundas líneas elegí la ficción. A mí me gusta componer, inventar los personajes. El «Rulo», por ejemplo, es un conjunto de represores, podría decir que más especialmente de Radice, Donda, Cavallo… Y en el caso de la protagonista son muchas mujeres, testimonios, historias… La lectura de dos novelas: «El fin de la historia» de Liliana Heker y la espantosa «Noche de lobos» de Abel Posse, que me parece repugnante. Al no inspirarme en una sola persona, tengo libertad para la imaginación.

– T: En un tema tan comprometido ¿qué cosas no te permitís?

– E.O.: Intento no poner mis ideas, digamos, yo no soy ni remotamente mis personajes, pero me importa mucho lo verosímil. Sí creo que mis valores están representados en el sentido de las víctimas: estas mujeres son víctimas, ahora después lo que hacen en la vida es otro tema. Si bien no creo ni creía en la lucha armada, no tengo dudas en que estoy del lado de los que fueron combatidos. No creo que haya dos bandos, ni Teoría de los Dos Demonios, ni que haya sido una guerra.

– T: ¿Y cómo reaccionás cuando se reflotan discursos prodictadura?

– E.O.: Hace poco tiempo tuve una situación así y sentí miedo, pensé que no iba a volver a sentirlo. Yo digo que no creía en la lucha armada pero estoy en ese bando, soy una sobreviviente, estoy viva pero podría no estarlo. Siempre tuve esa conciencia, y la obsesión de algún modo con la memoria en lo que escribo tiene que ver con eso. Con cada libro digo que es el último que escribo sobre la dictadura y nunca lo es. Bueno, para mí un escritor lo es de su tiempo.

La Nación (Argentina)|Entrevista por Daniel Gigena

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Elsa Osorio: «Cuando te metés en el personaje, descubrís que tiene su propia vida»

Acaba de publicar en la Argentina Doble fondo, una novela que salió antes en Italia, donde la autora tiene enorme éxito, y que aborda la represión y los «vuelos de la muerte» durante la última dictadura

Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Filipuzzi

En el mismo día de la entrevista de LA NACION con la escritora Elsa Osorio (Buenos Aires, 1952) se conocieron las sentencias de la megacausa ESMA, donde se condenó judicialmente a Alfredo Astiz, el «Tigre» Acosta y otros represores. Algunos de ellos aparecen como personajes en Doble fondo (Tusquets), la cuarta novela de Osorio, que está ambientada en una ciudad de provincias de Francia, en París y en el campo de detención más grande de la Argentina durante la dictadura.

Osorio cuenta que desconfía del fervor actual por las novelas policiales y de las prerrogativas que poseen en el mercado editorial de aquí y de cualquier otro lugar del mundo. Si una novela es policial, tiene parte del camino allanado para encontrar un editor dispuesto. Pese a eso, define Doble fondo como un «policial histórico», en parte porque comienza con el hallazgo del cuerpo de una mujer en las orillas de la pequeña ciudad de Saint-Nazaire, donde apenas hay un asesinato por año. Una joven periodista francesa se interesa por el pasado de esa médica misteriosa, que resulta tener doble nacionalidad: Marie Le Boullec es una franco-argentina sobreviviente de la ESMA.

Tras el éxito de A veinte años, Luz, la primera novela de Osorio, que cuenta la historia de una hija de desaparecidos en busca de su identidad, los lectores de Italia, España, Alemania y Francia siguen con interés sus publicaciones. Mika, la novela biográfica que perfiló a Micaela Feldman de Etchebéhère, la militante argentina que llegó a comandar una columna del POUM durante la Guerra Civil Española, fue un éxito de ventas. Quizás eso explique que Doble fondo se haya publicado antes en una editorial italiana. «Ahora es la primera vez que voy a tener el mismo editor en España que en Sudamérica -dice Osorio-. Siempre paso mucho tiempo con las pruebas de las novelas, porque yo quiero que el libro sea idéntico en España y en la Argentina. Cada palabra es la que el libro necesita».

-¿Cuidás mucho el lenguaje de los personajes?

-Sí. Me importan mucho las cuestiones de lenguaje, sobre todo cuando los personajes están hablando en otra lengua. Cuando eso pasa, como en el caso de la periodista francesa que investiga el crimen de la médica, uso las formas de la segunda persona del español. A lo mejor no dicen «tú», pero la forma se sostiene. Con esta novela me pasó porque la mayor parte pasa en Francia.

-Y algunos personajes ignoran que otros comprenden la segunda lengua, como en el duelo verbal de la protagonista cuando conoce en París a la diplomática Elena Holmberg.

-La protagonista es un personaje ficticio, pero obviamente me basé en historias reales; me refiero a que hubo prisioneras de la ESMA que estuvieron en el Centro Piloto París, prisioneras-espías al servicio de Emilio Massera. Pero no me refiero a alguien en particular, construyo. Me convenía que ella fuera francesa para que alguien se pudiera meter en un grupo donde hay muchos franceses y no se notara, lo ideal es que fuera franco-argentina.

-¿Entonces no está basado en una militante montonera que, para sobrevivir, prestaba servicios a la Armada?

-Es una fusión. A mí me gusta componer, inventar, por necesidad de la ficción. Quiero contar historias desde la novela. Trabajo con muchísima documentación y me baso en muchos testimonios, pero también en algunas cosas que sé. Cuando te metés en el personaje, descubrís que ese personaje tiene su propia vida.

-¿Cómo se hace para separar las opiniones ideológicas de las decisiones estéticas?

-Hace muchos años yo era más ingenua, pensaba que si escribía desde el punto de vista de varios narradores nadie sospecharía lo que yo pensaba. Sigo haciendo esto de usar varios narradores porque me interesa para la novela. A mí como ciudadana me repugna un hombre del grupo de tareas de la ESMA, pero para poder meterme y ver lo que le pasa me sentí tentada y entonces es cuando aparecen las sorpresas. Se comprende que el represor está enamorado de esa mujer; en su medio, él no conoce a una mujer como ella. Por un lado, la amenaza con los vuelos de la muerte, pero al mismo tiempo está loco de amor por ella y se quiere casar. Me sirve pensarlo desde ahí y desde el poder. El personaje de Juana/Soledad/Marie es también tremendamente contradictorio, porque ella por un lado está viviendo esa situación terrible, pero por otro quiere informarse porque piensa que un día podrá denunciar.

-Con respecto a la cuestión de los nombres que ella va asumiendo a lo largo de la novela, uno también se pregunta si hay una cuestión de la identidad que trasciende la cuestión histórica.

-Para la novela constituyó un problema. Está claro que la gente que vivió en clandestinidad tiene varios nombres, pero ella elige otra clandestinidad, elige estar toda su vida en clandestinidad, respecto del hombre que la está persiguiendo. En el caso de este personaje, primero son cuestiones de vida y después, cuestiones de dignidad. Ella renuncia a su pasado, pero no porque se olvida; es el precio que paga para salvar a su hijo.

-Casi siempre las protagonistas de tus libros son mujeres.

-Mirá, creo que es menos por una postura feminista que por una fidelidad histórica, en el sentido de que las mujeres en nuestro país son las que hicieron frente a la dictadura. El ejemplo de las Madres, de las Abuelas, esa lucha salió sobre todo por reclamar por sus hijos. Algunas no tenían ni la menor experiencia política. En esta novela era fundamental que Juana fuera una mujer fuerte, pero también una mujer quebrada, débil.

-¿Estuviste exiliada?

-No. Viví la dictadura en la Argentina y me considero una sobreviviente. A mí no me pasó nada de lo que estoy contando, no fui prisionera, no es mi biografía, pero soy alguien que hace unos cuantos años, desde que escribí mi primera novela, quise que se supiera que en la Argentina se habían robado chicos, se había torturado a personas, que hubo «vuelos de la muerte». Sé que la memoria es importante, pero no tengo la soberbia ni creo que mis libros determinen algo.

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